Diario de León
Publicado por
JULIA NAVARRO
León

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EN CATALUÑA muchos ciudadanos creen que el Gobierno tripartito presidido por Pascual Maragall no gobierna, dedica todos sus esfuerzos y afanes a tener un nuevo Estatuto. Desde Madrid Zapatero sí gobierna, pero como si no lo hiciera precisamente porque la acción de gobierno se ha ido diluyendo en la polémica sobre el futuro estatuto catalán. Es una pena, pero ha sido el propio presidente Zapatero quién está dilapidando el enorme caudal de confianza que los ciudadanos depositaron en él en las urnas. Ahora mismo la palabra que más se escucha sobre Zapatero es la de «desencanto», porque el presidente ha ido «desactivando» todas las expectativas generadas. Este Gobierno de Zapatero, que dicho sea de paso es bastante flojo, sin embargo ha hecho cosas, sobre todo política social, y como todo hay que decirlo, hay que reconocer que el ministro Jesús Caldera, pese a su largo silencio, ha cumplido a la perfección con el papel que todo el mundo espera de un ministro socialdemócrata. Pero según pasan los días, la acción del Gobierno aparece más diluida, y ni siquiera las cuentas presentadas por el vicepresidente Solbes ni las buenas perspectivas económicas, calan en el ánimo de la ciudadanía. En el entorno del presidente aseguran que dentro de unos meses, una vez que esté encarrilado el Estatuto de Cataluña, la sociedad podrá apreciar los logros de la acción del Gobierno. Y a eso añaden la esperanza de que se resuelva el problema de ETA, cuestión que lleva personalmente el propio presidente Zapatero.Ya digo que es una pena que lo que es más que una aceptable gestión de gobierno, esté totalmente empañada por el Estatuto catalán, por la metedura de pata del propio presidente queriendo cambiar lo que no era necesario cambiar porque no había ninguna demanda en la sociedad. En realidad, los presidentes terminan siendo los peores enemigos de sí mismos. Y Zapatero ha sido su propio enemigo creando un problema a los españoles donde no lo había. Lo mismo se puede decir de Maragall, con el agravante de que éste ni siquiera tiene una buena gestión detrás.

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