DESDE LA CORTE
Datos felices, sociedad intranquila
SE SUPONE que la clase política, como otros millones de españoles, comenzará hoy un largo, fecundo y lluvioso puente. Deja atrás un sonriente dato económico: el del paro, situado en el 8,4 por 100 de la población activa, el nivel más bajo de toda la etapa democrática. Por arreglos estadísticos o por creación real de empleo, es una gran noticia. Pero, por otras circunstancias políticas y sociales, está llamada a tener una desigual repercusión. Servirá para que los portavoces oficiales sigan sacando pecho en el sentido de que, como decía un ministro a este cronista, «España está generando empleo como ningún otro país de la Unión Europea». Para otros españoles, tan feliz realidad quedará oculta bajo la hojarasca política del Estatuto de Cataluña, ayer censurado por los ex presidentes Aznar y González. El feliz dato contrasta con la percepción ciudadana. La última encuesta del CIS muestra una sociedad contradictoria: no tiene miedo a empeñarse en hipotecas, pero hay una mayoría, y además creciente, que califica el futuro político y económico como «malo o muy malo» y, en cualquier caso, peor que el presente. No es imaginación del cronista. Son estudios oficiales, porque tan oficial es el CIS como el Instituto de Estadística. ¿Cómo se entiende ese optimismo de las cifras, frente al pesimismo social? Se supone que, si la economía va bien, el ciudadano lo tiene que percibir en primera persona. La economía no es algo abstracto, sino lo más tangible de la vida diaria. Me temo que está empezando a haber una sensación de crisis que no es percibida por la estadística. Es la que se nota en las ciudades los últimos días del mes: descenso de tráfico y más mesas de restaurante vacías. Es la que domina en las conversaciones privadas. La gente tiene su empleo (España estadística), pero los salarios (España real) andan tan ajustados a los días del mes que no llegan a su final. El número de contratos firmados es muy alto, pero su duración tan limitada en el tiempo, que la visión de su caducidad produce incertidumbre de futuro. Añádanse los anuncios y consumación de subidas de tarifas de servicios básicos como el gas o la electricidad, más las duras perspectivas del petróleo, y se tendrá un diagnóstico de las raíces del pesimismo. Ante ello, preocúpese el gobierno. Celebre como se merecen los datos que hoy se publican, pero preocúpese. Estos cuatro días viviremos el espejismo de la ciudad alegre que disfruta un puente de forma masiva. Pero el descontento discurre por debajo de la pantalla de la escapada festiva. Y recuerden un viejo principio: las recesiones comienzan cuando las notan los sismógrafos de los gobiernos. Las sensaciones de crisis, cuando lo dice la sociedad.