Diario de León
Publicado por
PANCHO PURROY
León

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EN LACIANA, la llegada de las treitas a las casas señalaba el final del verano y la necesidad de combustible abundante para el fogón. Antes, en primavera, cada familia echaba ojo a una mancha del monte --la partetsina, en el habla lacianiega- abundante en piornos talludos, de más de tres metros de porte. Había que cortar estos fuertes arbustos mediante azadón, cavando bien en la base para sacar limpio el cepellón. La corta siempre ocurría antes de junio, sin que el escobonal hubiese florecido. El piorno más grande y curvado, el solaniego, sirve para sustentar encima al resto de piornos que se colocan con su curvatura en sentido contrario, constituyendo la treita. El cepellón parece la quilla de una barca, con el inicio de la raíz hacia arriba, y, atado con una cadena, se prende a la anilla del yugo de las vacas. El pueblo, en hacendera, preparaba los treitoirus, zonas desbrozadas de la ladera que, siguiendo la máxima pendiente, terminaban en un camino carretero, paisaje muy alejado de la nube de pistas que ahora cuadricula la Montaña Cantábrica. El mato solaniego, especie de trineo natural, servía para muchos otros usos: acarrear los fejes de hojas de robles y fresnos que alimentaban con nevadas al ganado menor, trasladar troncos y leña desde puntos inaccesibles a donde se cargase el carro y transportar la hierba segada en los prados de la braña que no tuvieran camino. El carro que llegaba al corral con los primeros piornos secos de la treita barruntaba ya la primera nieve. Estos arbustos se colocan ordenadamente en un tenderete de maderos -el tsiñeiru-, a base de dos troncos verticales con horquilla que sostienen un leño horizontal y dos maderos transversales que se apoyan en la pared del corral. Los piornos quedan inclinados en el tendejón, para que resbale el agua. Debajo está el estiércol -el cuitu- sacado del establo, protegido de la intemperie. ¡Qué ejemplo de trabajo en los pueblos de Laciana, cuna de osos y urogallos!

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