Diario de León
Publicado por
JUAN VÁZQUEZ
León

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TODA ESPAÑA ha sentido como propio el nacimiento de la infanta Doña Leonor. Para ejemplo, algún redactor-jefe que estaba de turno el domingo pasado, y que nada más enterarse de que Doña Letizia había ingresado a las ocho de la noche, cuentan que comenzó a sentir contracciones y a practicar los ejercicios de respiración abdominal hasta el alumbramiento. A mí esta niña, de entrada, me cae bien, aunque le hayan puesto nombre de señora, porque nada más llegar ha colocado en su sitio a media docena de vividores, supuestos videntes, que habían visto clarísimo que se trataba de un niño. Ser grande de España cuando sólo se pesan tres kilos y medio parece exagerado, pero no lo es si se tiene en cuenta que fue llegar y plantear una reforma de la Constitución para abolir la ley sálica, aunque tiene que tener cuidado su pequeña alteza, porque como se ponga de moda acabar con los anacronismos se le arruina el negocio familiar. Y más grande es, aunque eso está todavía por ver, conseguir que el PP vaya a apoyar una propuesta del Ejecutivo, como es la de modificar la Carta Magna. La voz de los populares ya recorre el país como el eco, de valle en valle, advirtiendo que no hay prisas. Que no tiene porqué ser en esta legislatura ni con este Gobierno, vaya. Y para quien la pequeña Leonor ha traído un pan debajo del brazo es para el presidente Zapatero, que con la noticia del año se le quitó peso a la matraca del Estatut. Han tenido que venir los Borbones a salvar a un socialista de los nacionalistas republicanos. Si es que a este país no lo conoce ni la madre que lo parió.

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