AQUÍ Y AHORA
El dromedario
DICEN que el dromedario fue el resultado de un caballo reformado, después de que pasara por las manos de un comité. Los comités están especializados en reformar, y los miembros de los comités sienten una irresistible tentación de intervenir, aunque no tengan las ideas claras. Parece que Rajoy tiene las ideas claras: no le gusta el caballo y pide que lo devuelven a las cuadras. El presidente del Gobierno, en cambio, confía en que todo se aclarará, cuando llegue el resultado final, es decir, cuando llegue el dromedario. Carod estuvo contenido al hablar a los españoles en el Congreso y sincero y suelto en las declaraciones a los periodistas extranjeros, a los que confesó algo obvio: que lo que quieren los catalanes es un Estado Catalán, por cierto mayor territorialmente que algunos de los estados que componen la UE. No es lo mismo que estas cosas se publiquen en Le Monde , que decírselas a la cara a los representantes de la soberanía española, no sea que se fueran a poner nerviosos. Ahora viene el tiempo de jorobarse, quiero decir las largas y tediosas jornadas en las que se decidirá el tamaño de la joroba, el cambio de los cascos por pezuñas, etcétera. Habrá bodas, bautizos y despidos. Pero hasta que llegue ese momento es tiempo de brindis. Con cava catalán, claro, no se enfade el señor Carod y diga que quiere cabalgar con el caballo tal como llegó, y las coces rompan la vajilla que tanto costó colocar con servicio para tres en el hemiciclo. El caballo ya ha sido admitido a trámite. Dicen que lo mejor que puede pasar es que, después de la reforma, no le guste a nadie. O sea, el dromedario.