DESDE LA CORTE
Zapatero, entre dos fuegos
EL DEBATE sobre autonomías no ha estado de buen año. Es que tuvo mala suerte informativa. En las portadas no podía competir, ni de lejos, con la foto de una reina presentada en sociedad. En los titulares le tenía que ganar la emoción de la tragedia de Almuñécar: había seis cadáveres, frente a uno solo supuesto (Zapatero) en el Senado. Y en la dimensión histórica, los cronistas estaban contando los coches quemados en las noches del aquelarre francés. ¿Quién se va a fijar, en esas condiciones, en las ideas que tenga el presidente sobre la financiación de las autonomías? Sin embargo, no fue mal debate. Aunque el PP siga sin ver el proyecto de Zapatero -ni nunca lo verá, diga lo que diga el presidente-, hay alguna cosa que ha quedado clara, para disgusto de nacionalistas catalanes. La principal es que la financiación será acordada entre todas las comunidades. Es un frenazo a uno de los principios más osados, pero también más queridos, del proyecto de Estatut: la relación y el acuerdo bilateral. El presidente, además, ha tenido la valentía de marcar el porcentaje mínimo de gasto público que ha de estar en manos del Estado: un 20 por ciento. Creo que es la primera vez que en España se hace esta cuantificación. Más méritos: el debate ha servido para crear un cuerpo de doctrina socialista -es decir, de los nueve gobiernos del PSOE-, que permite saber cuál es el pensamiento actual de esa fuerza política. Al menos, el más confesable en público. Por ejemplo, en el Senado hemos visto a un Pérez Touriño que, con toda serenidad, planteó el inquietante futuro de las regiones que requieren apoyos económicos de los demás. Es posible que los presidentes socialistas hayan llegado al Pleno muy aplacados después de la cena celebrada en la calle Gobelas con los mandos del partido y del gobierno; pero, aún así, se pudieron escuchar el temor a perder los beneficios de la solidaridad y otras quejas que provoca del proyecto de Estatuto de Cataluña. ¿Servirá para algo? De momento, para dejar al presidente Zapatero atrapado entre dos fuegos: el de los suyos, que es una queja desde la lealtad y el clamor de sus administrados, y el de Cataluña, que ha dicho palabras de nula tolerancia con el rechazo al entendimiento bilateral de sus negociaciones. Y entre esos fuegos, la gasolina del PP, que ayer derramó Esperanza Aguirre con la vehemencia de la militante, transformando en ardor guerrero la ya conocida contundencia de Mariano Rajoy. Esperanza Aguirre ha querido capitalizar el cabreo conservador por la reforma territorial, y se ha erigido en líder autonómica de la oposición. Con todo ello, hasta este debate el panorama de Zapatero era complicado. Ahora pasa a ser un berenjenal.