PANORAMA
La manifestación
ES DUDOSO que los participantes y asistentes, o los ausentes de la manifestación convocada para hoy, conozcan con detalle el contenido de la Ley de Educación que salen a la calle a abuchear, o que, por el contrario, apoyarán expresa o tácitamente con su ausencia en esa movilización a la que convocan algunas fuerzas políticas, como el PP, y algún poder fáctico, como los obispos. Dice la ministra San Segundo, por cierto, que «hay coincidencia de intereses entre el PP y la Iglesia», y niega que «la ley no recoja la libertad de enseñanza, como dice la Iglesia, o que la enseñanza de religión católica no esté protegida». Pero tal demostración de discrepancias a la hora de interpretar la propia letra de la ley viene dada, con toda probabilidad, por el viaje inesperado que efectuó el jueves la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, al mismísimo Vaticano, para entrevistarse con el «número dos del Papa», el cardenal Sodano, un encuentro que algunos han querido ver como el intento decidido y el esfuerzo supremo del Gobierno por evitar que esa movilización ciudadana tenga dimensiones extraordinarias. O bien para poner de relieve ante el mismísimo Sumo Pontífice, la -a juicio del Gobierno- escasa receptividad y capacidad de diálogo del episcopado español, o cuando menos de algunos de sus miembros. ¿De qué protestarán los manifestantes de hoy? Se apuntan tres o cuatro cuestiones clave: la enseñanza de la religión, las cuotas de los centros concertados, la proporción de inmigrantes por centro escolar... Insiste el Gobierno que, respecto a la Religión, no hay cambio alguno: es una oferta obligada en los centros y voluntaria para los alumnos. Molesta en algunos centros el hecho de que las Administraciones sean quienes decidan qué proporción de inmigrantes debe ir a la escuela pública o a centros concertados. Y no es improbable que el aspecto más molesto a esos centros es que, en adelante, estará prohibido el cobro de cuotas ni podrán recibir aportaciones de asociaciones o fundaciones. Ahí se toca el bolsillo a muchos centros y propietarios de tales centros.