Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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RAJOY ha ofrecido a Zapatero consensuar una reforma en educación que se mantenga al menos durante una generación. A falta de más datos, es una propuesta digna de ser escuchada, pues estamos hablando de uno de los grandes pilares de nuestra sociedad. Obviamente, no le concedo ninguna credibilidad a las afirmaciones de que el PSOE persigue la religión o que niega derecho de los padres a escoger la educación de sus hijos. Pero, en efecto, los dos grandes partidos deberían logran un acuerdo de estabilidad. La educación además de los conocimientos de un programa -que ha de ser riguroso- ha de estar orientada hacia la búsqueda del bien y de la paz interior. Fomentar el aprendizaje como lo que es, un tesoro. Educar para el civismo. Educar para el amor, que es el gran examen d e nuestras vidas adultas, aunque, quizá, como aquel personaje de McCullers, antes de amar a un semejante habría que ejercitarse con algo más fácil, como una piedra o una nube. Sí, algo agoniza en nuestra civilización, herida por la zafiedad y los espejismos. Y la educación nos «salva», cuando combina razón y corazón. Se trata de hacer un mundo mejor, de que el amor y la verdad encuentren su forma de ganar finalmente las batallas que en apariencia pierden. Entender el conocimiento como un gran todo, forjar ciudadanos que no sean engullidos al primer revés profesional o emocional. Viajamos en el mismo barco, aunque no haya un único rumbo posible, ni todos llamemos sabiduría a lo mismo. Pero todos buscamos lo mejor para nuestros hijos. Ese es el reto que nos debería unir.

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