Diario de León
Publicado por
PANCHO PURROY
León

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HIDALGUÍA y tenencia de galgo corredor son nobles rasgos glosados por Cervantes en El Quijote . Desgraciadamente, algunos galgueros energúmenos, bárbaros, olvidan la conducta digna y, una vez que sus canes cazan mal, los someten al abandono, el ahorcamiento, el tirascazo o, como hace unos días, al lanzamiento al fondo de un pozo. Ha habido suerte y el animal causante de esta burrada pena una condena ejemplar. Emociona observar en la llanada la fuerza y velocidad prodigiosa de una liebre huyendo del galgo, y los acelerones de las zancudas y membrudas patas del lebrel que sufren y parecen desencuadernarse cuando la rabona ejecuta sus prodigiosos quiebros camino del perdedero. Hay liebres matacanes, resistentes en la carrera, que han llegado a matar perseguidores a los que el corazón les estalla del esfuerzo. El problema del galgo crecido, experto, es que muta su táctica guerrera y, si caza con compañero, prefiere que el jovenzuelo se de la pechada de arrear al lepórido para emboscarlo, en plan guerrilla, en uno de sus regates. El diente y la malicia sustituyen a la zancada y el brío corredor, aspectos que descalifican al astuto protagonista en los campeonatos. Estas competiciones son pasionales, muy competidas, y en ellas se apuestan fuertes cantidades. Así como en el atletismo hay dopaje, en las carreras de galgos se dan muchas triquiñuelas para que el galgo del contrario fracase. Si el galgo del enemigo es macho, hay que hacerle unas pajillas nocturnas, cual Torrente, para que a la mañana siguiente, vaciado por las corridas, marche cansinamente tras la pieza. Por eso, su dueño, acostumbra dormir en hostales aledaños a puticlubs, donde se hace la vista gorda a la entrada en las habitaciones de fauna bípeda o cuadrúpeda, garantizando así que su compañero canino no sucumba al vicio de Onán, practicado por el adversario. La gota de cafeína concentrada, tras hervir un tanque de café, y mojarla en azucarillo, pone al galgo como una moto.

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