DESDE LA CORTE
El castellano, idioma militar
MIS NOVIAS no lo creerán, pero cuando hice la mili (Brigada de Infantería Aerotransportable, A Coruña, entonces La Coruña), en este país mandaba un señor llamado Francisco Franco. En el cuartel había suboficiales y oficiales nacidos en Galicia, y los recuerdo hablar en castellano, pero también en gallego. Y mandaba Franco, insisto. El Generalísimo. El «media vuelta», el «pa-só ligero», el «a letrinas» y el «ar» lo decían en el idioma oficial, pero con los que llegábamos de la aldea hablaban el idioma autóctono. Y no se hundía el régimen, ni había sublevación en las filas, ni estábamos todos enganchados al separatismo. Traigo a la columna este ridículo testimonio de nostalgia por lo que ayer hemos conocido: que el subsecretario de Defensa ha ordenado a los militares que sólo hablen castellano «en todos los actos, actividades y relaciones de servicio». Así consta en un escrito que el señor Zambrana (subsecretario) ha dirigido al Jefe de Estado Mayor de la Defensa. Me sonó como si se estuviera recuperando la «lengua del imperio». La desgracia de ser mayores es que tuvimos que hacer la mili. La ventaja es que nadie se extrañaba del idioma que hablábamos, incluso cuando salíamos de copas vestidos con botas relucientes. Y ahora, los militares sólo se podrán expresar en castellano. Perdónenme ustedes la expresión, pero me tendrán que explicar qué coño de necesidad había de dar esa instrucción. Forzando mucho el magín, sólo encuentro dos explicaciones. Una: dado que en Cataluña parece que se exigirá a todos los ciudadanos el conocimiento del catalán, la autoridad de Defensa ha puesto la excepción de los cuarteles. Y dos: dado que el teniente general Mena ha dicho que los destinos a Cataluña tendrán que ser regulados como envíos de tropas al extranjero por esta cuestión idiomática, Defensa les dice: «Ttranquilos, que nosotros seguimos hablando en castellano». Pues aun así, me sigo preguntando qué coño de necesidad había de dar esa orden. De momento, sólo ha servido para enardecer a los diputados de Esquerra Republicana de Cataluña, que hicieron la pregunta parlamentaria de cajón: «¿Hablar en un idioma cooficial es un problema para la seguridad?». No les falta un mínimo de lógica: quién sabe si detrás de un militar gallegoparlante se esconde un peligroso nacionalista insolidario que no está dispuesto a dar su sangre por la patria española. ¡Qué ganas de crear problemas donde no existen! Entre el general Mena, el presidente del Supremo que equipara el catalán al baile de sevillanas y otras originales menudencias, henos aquí ante el nuevo problema de los idiomas. Sólo faltaba que al sufrido castellano, tan maltratado en algunas autonomías, ahora lo hicieran el idioma militar.