EN EL FILO
Mutis forzado de Batasuna
UN SIMPLE auto judicial ha modificado espectacularmente el escenario político de Euskadi al inhabilitar o excluir a uno de los protagonistas. Nada menos que la voz autorizada del fiscal general del Estado afirmó ayer que Batasuna no puede ya servir a la izquierda aberzale de referencia. «Cualquier camino hacia el abandono de la violencia tiene que pasar necesariamente por dejar en la cuneta a Batasuna», añadió Conde-Pumpido. Dicho de otra manera, la izquierda aberzale carecerá de futuro mientras no se desvincule de Batasuna, lo que abre el proceso de una Batasuna desvinculándose de sí misma. La sencillez del auto del juez Grande-Marlaska tiene efectos sobre un territorio y una población de enorme complejidad social y política. El presidente del PNV acusaba ayer a la Audiencia Nacional de haber actuado en este caso como un tribunal de excepción, y ensanchando el ámbito de sus críticas, acusaba al sector judicial de «no haber llevado a cabo la transición», lo que dibujaba falsamente una imagen de la Justicia anclada en el franquismo. Pero las autoridades vascas cumplirán la ley, aseguró Imaz. En medios cercanos al Gobierno no se percibe que el auto de Grande-Marlaska haya producido la menor molestia, pues todos los portavoces, desde el min istro de Interior, que es juez, hasta la vicepresidenta del Gobierno, que es juez, se congratulan por el buen funcionamiento del Estado de derecho y de la división de poderes. Un diputado socialista llegaba a decir ayer que el auto del juez Grande-Marlaska le ha venido al Gobierno como agua de mayo tras la altanería/chulería política que mostraban públicamente los dirigentes de Batasuna y la fortísima presión del PP, y de sus terminales mediáticas, contra la pasividad de Zapatero y de la Fiscalía General. Seguramente no pretendía Grande-Marlaska darle al PP la inmensa satisfacción que le ha causado la prohibición de la asamblea de Batasuna prevista en Baracaldo para este sábado. El alborozo de Rajoy era ayer manifiesto, como si todo se debiera a la inteligente y patriótica gestión popular. «Sólo espero que ahora -decía Rajoy ayer- no haya triquiñuelas, no haya fraudes de ley y que las fuerzas y los cuerpos de Seguridad mandados por el gobierno vasco y el gobierno de España cumplan esa decisión de los jueces». Voluntaria o involuntariamente, Rajoy sembró ayer en la sociedad española la sospecha de que la vida pública está veteada de triquiñuelas y fraudes de ley, al esperar que no los haya ahora. Y esa es una forma de hacer política que emborrona y ensucia a las instituciones del Estado, a los gobernantes y a los jueces. Nadie ignora que en las relaciones entre estos dos poderes se producen a veces injerencias mutuas, y que en la cúpula de la magistratura parecen ejercer una influencia indebida o desproporcionada las ideologías o los votos parlamentarios de los que dependen muchos de los altos nombramientos judiciales. No vivió ayer la ilegalizada Ba tasuna, obligada a la inexistencia, su mejor día, pues fue de partido en partido del gobierno vasco en busca de comprensión y amparo. Y vaya si obtuvo una y otro. Pero la ley está para cumplirse.