DESDE LA CORTE
Que le salgan las cuentas, ministro
UNA REFORMA fiscal es la decisión social y económicamente más importante que puede adoptar un gobierno. De ella depende todo esto: que beneficie a los ricos o de los más necesitados; que fomente o espante la inversión; que nos deje en el bolsillo más o menos dinero para consumo y, en definitiva, que el Estado nos «saquee» más o menos, si el señor Solbes y los inspectores de tributos me permiten la expresión. En los países normalizados, el programa fiscal de un partido es su gran compromiso y su gran seña de identidad. Con ese programa se gana o se pierden elecciones. Aquí en España nos ocurre lo mismo, con reservas. El PP se pasó los últimos tiempos presentándose como el auténtico rebajador de impuestos. Rodríguez Zapatero, cuando quiso presumir de política social y cercana al pueblo, anunció que iba a rebajar nuestra contribución, para que los trabajadores podamos disfrutar un poco más de nuestro sudor y los empresarios tengan más fondos para invertir. Las reservas son: como estamos metidos en cuestiones apasionantes, como la estructura territorial del Estado, los líderes de opinión no se fijan en los bolsillos de sus compatriotas. Y, como el debate nacional está centrado en saber si se rompe o no se rompe España, parece de poca educación hablar de dinero. Un buen escrito de un militar tiene mucha más resonancia y emoción que cien euros en manos de un currante. Así somos. Perdón: así estamos. Pese a todo, este gobierno que debe tener mano para Batasuna y sus manifestantes de ayer; su Foro de Ermua y la manifestación de hoy; sus papeles de Salamanca; sus nacionalistas de apoyo y desgaste, ha tenido a bien alumbrar su reforma fiscal. Ha tardado casi dos años, en una oscura tensión entre Miguel Sebastián (asesor de Zapatero) y Pedro Solbes, y tardaremos otros dos en notarla. Deben estar muy seguros de sus bondades, porque pretenden que votemos en 2.008 sonrientes con sus beneficios. Y a la inversa: está claro que no hay adelanto de elecciones, porque nadie programa una reforma fiscal para no obtener de ella rentabilidad electoral. Es decir, señor Zaplana, que las elecciones serán en 2.008. Los contenidos de la generosidad del gobierno ya los conocéis: se publican hoy. Tenemos por delante meses para analizarlos. Hoy lo único que pretendo es felicitar al gabinete por alumbrar el proyecto, porque alguna vez nos hemos tenido que preguntar quién gobierna, si los ministros están en otras guerras. Bueno, pues, por lo menos, Solbes gobierna. Y manda. Y añado: que le salgan las cuentas, ministro. Que le salgan, porque lo difícil no es redactar una ley. Lo difícil es que tantas atenciones sociales como tienen prometidas puedan ser financiadas con menos imposición.