Diario de León
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León

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Los monumentos no sólo son de piedra. También ocurre la monumentalidad en los vegetales y en otros órdenes de la naturaleza. Cuando se trata de vegetales, aunque sean plantados dirigidos y dominados por la mano humana, necesitan para su desarrollo tiempo vegetal, es decir, lento y largo. Y no siempre sucede que el resultado sea una maravilla. Pero a veces ocurre. Es el caso de la Plaza de la Inmaculada. Un ejemplo paradigmático que pocas veces acontece con tanto encanto. León tiene en ella un ombligo con sabor a parque, que llegó sin sentir como una sorpresa difícil y apretada de años. Es un obsequio permanente y especial para vecinos y transeúntes, la renovación primaveral de su vida, con pájaros y hojitas nuevas y al otoño propina de oro. Tiene una loma verde, que es un anillo esmeralda con muchas facetas: alberga un patio aislado y seguro, donde los niños organizan cada día la seriedad de los juegos y donde los mayores saborean el beso del sol. Cada invierno, cuando los árboles callan, es un regalo inclinado donde refresca la mirada el viandante. En otras calendas, se acorda con la fronda para amortiguar sonidos. Los vehículos pasan como si rodasen sobre una alfombra. La acústica se serena. Respeta el patio. Además, cuando los árboles ya maduros alcanzan su plenitud, disimulan el vuelo de una plaza desdentada de alturas. La acústica y el vuelo. Qué dos cosas tan graves en aventuras urbanísticas. Aquí la sombra. Ramos de sombra espesa que suavizan brisas y calman veranos, organizan un túnel de frescura, que se alegra de terrazas, de damas en flora, de hombres que descansan, de ancianos que pasean. En su médula central, una baranda pasamanera de dos barras tubulares y paralelas, de leve pandeo, apropiada al uso de dos estatuas inocentes, recorre el perímetro e un redondel de césped cariñoso, ausente de chorritos separantes y humedades resbalosas. Únicamente, en un rincón casi invisible, hay un pequeño surtido para calmar la sed. Si contemplamos la ciudad entera, la carencia de fuente en esta plaza constituye una alternativa. Un deseado contrapunto a los muchos sitios donde las aguas campean. Si una ciudad es sugestiva, lo es porque sa be conservar los lugares que alcanzan tal singularidad y belleza. A esta plaza trajimos a nuestros hijos a ensayar triciclos y a corretear sueños. Aquellos a los que la edad y el destino les llevó a otros lugares, cuando vuelven a León, siempre visitan este círculo mágico de su patria infantil. Ahora, los niños nuevos toman el testigo. Este sitio, sin que nos diéramos cuenta, como por casualidad, se convirtió en un fruto maduro donde el esplendor se redondea. Para admirar, disfrutar y no tocar. No tocar. No tocar. No tocar. Produce gozo y respeto. Un lugar emblemático de la ciudad, que es una deslumbrante joya en el estuche del corazón, donde los niños juegan a la risa clara. Pablo de la Varga. (León). El Grupo Cultural San Roque de Armunia quiere a través de este periódico, dar las gracias a cuantos han hecho posible el realizar la Campaña de Navidad, llevando nuestros villancicos, relatos y poesías Navideñas, a la Residencia de los Desamparados, de León, de Astorga, a la Obra Hospitalaria Nuestra Señora de Lourdes, de la Virgen del Camino, Residencias de Ancianos, Festival en Casa de Cultural, en nuestra Parroquial y como acto final la presencia de los Reyes Magos en alguno de estos lugares. Se lo agradecemos a la junta vecinal, su presidente Ángel Luis, Ayuntamiento, Diputación de León, personal de la Casa Cultura, a nuestro párroco don Salvador, a nuestro director de canto, don Julián Fernández, y a cuantos colaboraron en el rastrillo, para la Misión en África de nuestro anterior párroco, don Antonio, a todos salud y paz para el año que comienza, y nos sigan ayudand, en estas fec has y en otras, para llevar la alegría de la Navidad, pidiendo a la vez paz para el mundo. Grupo Cultural San Roque (Armunia). Antonio (León; debate en la edición digital).

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