Diario de León
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VICENTE PUEYO
León

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«CALMA y reflexión» pedía el conocido teólogo católico Hans Küng -que en su día entró en conflicto con el Vaticano al poner en cuestión la infalibilidad del Papa- al ser preguntado en una entrevista sobre la crisis de las caricaturas de Mahoma. No son palabras huecas. Cuando lo que abunda es la reacción desmesurada e irracional, no parece lo más juicioso echar gasolina a la hoguera; (eso mismo acaba de hacer, de forma irresponsable, el semanario satírico francés Charlie Hebdo que, cuando aún huele a chamusquina, ha lanzado un monográfico que no va a gustar nada a los musulmanes, incluidos los más pacíficos y sensatos: en la portada, una caricatura con el profeta llevándose las manos a la cabeza y diciendo algo así como «es duro ser amado por los gilipollas»). Hablábamos de calma... Pero también de reflexión. Lo mismo que se echa de menos el juicio sereno de los musulmanes moderados -apenas audible entre el griterío y la irracionalidad de unas reacciones desmedidas-, también debe reconocerse que desde «Occidente» no hemos dado facilidades para conseguir ese acercamiento, esa ósmosis benéfica, entre ambos mundos. Ahí está la sangría de Irak, una guerra que vulnera el derecho internacional y que alimenta la rabia y la frustración. O el conflicto envenenado de Afganistán, o el de Chechenia (¿tiene Putin algo sensato que decir además de «a por ellos»?), o el enquistado asunto palestino... Son muchos los errores y muy graves. Reconocer esta realidad no sólo es de justicia sino, quizá, un punto de partida imprescindible para, con calma y reflexión, ir abriendo ventanas a la esperanza.

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