Diario de León

DESDE LA CORTE

Don Francisco, el pacificador

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FERNANDO ONEGA
León

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QUE YO RECUERDE, nunca un nombramiento de embajador tuvo tanta resonancia. Para encontrar un ejemplo similar, habría que remontarse a la historia: cuando Fraga fue designado para representar a España en el Reino Unido. La diferencia es que la designación de Fraga parecía, a medias, un exilio y el un máster para aprender cómo funciona por dentro una monarquía parlamentaria. Francisco Vázquez no va a un exilio ni a un máster. Su misión merece un adjetivo que parece un rótulo: «el pacificador». El Gobierno le otorga gran importancia. La prueba es que José Luis Rodríguez Zapatero inició su rueda de prensa de con la confirmación de la noticia. Era lo más notable del Consejo de Ministros. He leído la primera declaración del nuevo embajador. Le he creído cuando dijo que abandonar A Coruña le produce un «desgarro afectivo». Es posible que la designación le haya llegado en un momento oportuno de su biografía, cuando se acercan elecciones y nadie tiene fácil renovar una séptima mayoría absoluta. Pero, por encima de esos cálculos de cronista, están los sentimientos. Y Francisco Vázquez, Paco, podrá llevar en su corazón algo que sólo es patrimonio de los grandes: el respeto, el afecto y la gratitud de la gente. Su gran mérito no es sólo haber transformado su ciudad; es haber sido un alcalde de partido por encima de ideologías. Era, es, «nuestro Paquiño», como le escuché una vez a una militante del PP. Y ahora, por delante, con toda su magia, pero con todo su desafío, la Santa Sede. Para él, creyente, cristiano practicante, opuesto al aborto, defensor de la familia, es el único destino deseado. Para quienes le conocemos algo, cubre un puesto hecho a su teórica medida de habilidad, paciencia y astucia. Su perfil tiene algo de diplomacia vaticana, capaz de convertir la Casa Consistorial en centro de poder socialista y lugar de reunión del Consejo de Ministros de Aznar. Bien miradas sus fotos, no desluciría con atributos de cardenal. Escuchadas sus declaraciones, suena con la serenidad del sabio predicador, que condena actitudes terrenales de los presbíteros socialistas, pero mantiene lealtad profunda a su «iglesia». Está claro: su destino era el Vaticano. Y allí, su gran misión: pacificar. Como dice Mariano Rajoy en sus filípicas, este Gobierno ha conseguido llevarse mal con Estados Unidos y con el Papa. A Francisco Vázquez le corresponde el papel de gran componedor: defender a quien Su Santidad considera «destructor de la familia»; justificar al gobernante contra quien se manifiestan los obispos; deshacer los recelos que provoca un laicismo que irrita a los creyentes¿ Tarea para un titán. Si el designado no fuera Paco Vázquez, la llamaríamos «misión imposible». En manos de Paco Vázquez, solamente es un milagro.

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