BURRO AMENAZADO
Lolita de clase
LOS EXÁMENES de febrero son buen momento para observar el despliegue de un tipo de alumna que aunque solo tiene dos torneadas y largas piernas, y no seis patas como las mariposas, ha sido bautizada por los entomólogos como Vanessa excitatoria, dados los calentones que provoca. De aspecto típico a base de cabellera larga tintada en platino, ojos almendrados, labios negroides pintados de rubí, pechos en perpetua turgencia con pezones dirigidos hacia arriba, ombligo protuberante y culín respingón donde se hunde la cinta del tanga, se sienta siempre en la primera fila, frente a la tarima del profesor que se hace el longuis mientras escudriña los encantos de la nínfula. Su conducta se caracteriza por frecuentes visitas a los despachos, a consultar dudas y enterarse de qué tipo de preguntas caerán en el examen, y gran asiduidad por la cafetería, rodeada siempre de un par de callos que realzan su lozanía y la hacen blanco de todas las miradas. Partidaria de la exhibición juguetona y no de la cópula, por lo que recibe el indecoroso apodo de calientapollas, prefiere reservar sus abrazos para ecosistemas de mejor economía que el Campus, en nichos ecológicos de yuppies que sacudan exclusivamente para ella la muy reservada tarjeta Visa Oro. Mala estudiante, suele quedarse con nota provisional de suspenso bajo, realidad que la impele, en la revisión de exámenes, a presentarse ante el cátedro desplegando poderío, anatomía jovial que acompaña con un susurro íntimo y derritetémpanos: -¿ Y no puedo hacer algo ¿ Estoy dispuesta a todo. No sabe el jugo que soy capaz de sacar cuando me empeño. Es que, en septiembre, lo voy a hacer fatal y , si me aprueba, me daría una alegría enorme. Piénselo, y esta noche, con una cerveza, se lo agradeceré eternamente. Quedará, para siempre, entre nosotros. Don Francisco, sudoroso, hecho un flan, la acompaña a la puerta. Esa noche no duerme y especula que si el León parroquiano fuese la cosmopolita Madrid, echaba más cohetes que en las Fallas.