POR LA AMURA
El PP se echa al monte
ACUSAR al presidente del Gobierno de despreciar a las víctimas del terrorismo y de mendigar ante ETA es un despropósito, pero cuando quien lo hace es el jefe de la oposición y ex-ministro del Interior de un Gobierno que, como todos hasta ahora, negoció sin éxito el cese de las armas, ya resulta simplemente indigno. Los conservadores no se atrevieron a hacer campaña cuando la tuvieron que hacer, antes de las elecciones, confiados en que la estela de Aznar llevaría a su candidato en su rebufo directamente a la Moncloa, sin despeinarse ni apagar el puro. Este error, unido al de la víspera electoral, con otro ex-ministro del Interior mintiendo abiertamente y haciendo política con el terror, les llevaron a una derrota electoral que nunca han digerido. Desde entonces han entrado a saco en la campaña electoral que antes despreciaron, se han echado al monte con manifestaciones callejeras y han utilizado en su acoso sin cuartel las armas que en cada momento han tenido a mano sin hacer ascos a nada: la educación, la equiparación de derechos de los homosexuales, los papeles de Salamanca o el Estatuto de Cataluña, un frente que a pesar de la turné para promover un referéndum anticonstitucional ven que ya se agota, con lo que de nuevo vuelven a jugar con las cosas de comer, el terrorismo. Da la impresión de que tienen pánico a que este país alcance la paz sin poder apuntarse el tanto, pero en cualquier caso, cuando un candidato del PP llegue a gobernar, sea cual sea su nombre, lo tendrá difícil a la hora de pedir lealtad y sentido de Estado a la oposición.