La opa de mi piso
El Parlamento acaba de dar luz verde a la nueva normativa sobre técnicas de reproducción asistida y ahí vemos aspectos preocupantes: se olvida de que «todo ser humano está dotado de una dignidad inviolable desde el inicio de su concepción». Esta ley, tal y como está en la actualidad, niega la protección jurídica que un ordenamiento justo ha de dar a la vida humana incipiente y manifiesta una concepción utilitaria del ser humano que le coloca al albur de una supuesta ciencia, vuelta contra la dignidad del hombre. Es así, por más que se empeñe el Partido Socialista en confundir a la opinión pública diciendo que la ley prohíbe la clonación reproductiva; lo que no puede negar es que permite la clonación terapéutica, que encubre a la reproductiva. No hay duda que producir seres humanos clónicos para utilizarlos como material de ensayo científico a la búsqueda de terapias futuras, es un disparate antropológico. Otros atentados contra la dignidad humana que permite la ley: la producción de embriones humanos como material de investigación; la selección eugenésica con la producción de los denominados «bebés-medicamentos»; la fecundación de ovocitos animales con esperma humano, una práctica rechazada en diversos convenios internacionales. Algunos, sin escrúpulos éticos, considerarán esta ley como un progreso legal que facilitará la investigación científica; pero no hay duda: daremos un paso atrás en el auténtico progreso humano. Jesús Domingo Martínez (Gerona). Cuantos la conocimos, ¡cuántas veces escuchamos aquellas palabras llenas de ternura y cargadas de musicalidad! Todo el mundo que pasaba a su lado fue en algún momento princesa, príncipe, campeón... Siempre su sonrisa, su mirada tierna y amable, que se resistió a huir de ella en la enfermedad y quedó medio escondida, como un juego hasta en el instante supremo, para que su rostro la reflejara mientras permaneciera con nosotros en esas horas de despedida... Sencilla, generosa, coherente con sus principios y su fe, siempre receptiva a dar respuesta a lo que se le pedía, con el entusiasmo de una niña, capaz de tomar postura por los más débiles, sus príncipes y princesas por antonomasia. Todo el mundo era importante para ella, un as, un campeón, un príncipe al que admirar y respetar... ¡Convertía a los demás en auténticos protagonistas y ella se escondía para que no se viera la rosa! Quedaba así, la fragancia... El colegio era lo más importante y fue discreta hasta para partir: ¡Un sábado de madrugada! Los niños en sus casas, la comunidad y los profesores disponibles, nada hacía que hubiera que interrumpir las clases y la vida del centro... ¡Fue directora ejemplar hasta en ese trance! Tu espíritu sigue permaneciendo en el colegio. ¡Gracias, María Rosa Fernández Cilleruelo! Javier (En la edición digital diariodeleon.es).