EN POCAS PALABRAS
¿Existe Europa?
LAS MÁS vehementes declaraciones de europeísmo se estrellan inexorablemente en los aledaños del nacionalismo económico. España no está dispuesta -Zapatero dixit- a que una compañía alemana tenga el control del 50% de la energía nuclear española o sobre las inversiones en I+D que la primera eléctrica de nuestro país realiza en el desempeño de su actividad. Evidentemente, la actitud del presidente del Gobierno español no es original ni extravagante: con la sola excepción británica, todos los países de la UE quieren mantener el control sobre los sectores que consideran estratégicos, la energía en primer lugar. Esta conducta es en parte fruto de un anacronismo ideológico. Pero también es resultado del déficit democrático: si la UE fuera un ente políticamente articulado, con unas instituciones democráticas solventes, los países aceptarían de mejor grado los recortes de su propia soberanía. Pero actualmente, con Bruselas reducida a un magma burocrático, la cautela se impone: al menos lo nacional existe, aunque lo europeo sea las más de las veces una pura entelequia.