CUENTOS DEL SIGLO XXI
León a las 7
LA NEBLINA parecía decidida a secuestrar aquella madrugada del 30 de octubre de 2018 pero, finalmente, el sol impuso su ley y atravesó como un cuchillo la persiana yendo a clavarse en los pies de la cama de Enrique. «Justo ahora -pensó- la luz del alba estará dando vida al árbol de Jesé... también es la hora de saludar a las vidrieras de la Natividad... daría cualquier cosa por estar en la Catedral, completamente solo, en diálogo silencioso con esta luz que cada mañana dibuja los colores de la turbación y de la esperanza del hombre». Enrique, un reputado experto en arte y un enamorado de la Catedral, se concentraba en estos pensamientos mientras, en el techo, la pantalla de plasma advertía de que eran casi las siete y de que en el exterior había 4,5 grados centígrados. Aquel absurdo accidente, al caer de su moto de hidrógeno, le había destrozado la columna y le tenía inmóvil desde hacía cinco años. Sólo la mano izquierda respondía. Con el dedo apretó un botón del multimando y puso la radio supradigital. «León a las 7; buenos días. Les habla Jorge Díaz. ¿Dije buenos días? No son tales. Este es un día para la consternación. Sé que no van a creerlo pero, hace una hora, un reactor militar se ha estrellado contra el ábside de la Catedral; el piloto pudo desviar un poco el aparato desbocado pero una de las alas rozó una zona del ábside haciendo añicos las vidrieras... Los dos ocupantes del avión han muerto». Enrique se asombró de que un escalofrío le estremeciera todo su cuerpo. «La Natividad..., la Cacería..., los ángeles del Juicio Final... ¿también la Virgen del Dado?... Esa polémica restauración de hace diez años... los desacuerdos de última hora... faltó minuciosidad en el trabajo de documentación... ¿Quién recompondrá todo esto? Han matado a la luz...». El locutor siguió: «Disculpen y no se alarmen. Ningún avión se ha estrellado en la Catedral. Sólo hemos querido rendir homenaje a Orson Wells, justo a los 80 años de su célebre relato radiofónico que generó la histeria colectiva en Estados Unidos por una supuesta invasión extraterrestre...». La aclaración llegó tarde. El corazón de Enrique ya había dejado de latir.