TRIBUNA
El futuro de la Vela Zanetti A un venerable poeta
LOS LEONES ES parece que estamos siempre más predispuestos para la reivindicación que para el reconocimiento y por eso dedicamos muchos esfuerzos a pedir cosas y muy pocos a mantener lo que ya conseguimos. Para confirmar la veracidad de esta afirmación existen varios ejemplos en nuestra memoria, pero ahora, el que nos conviene o el que nos importa es el de la Fundación Vela Zanetti, cuya sede está en ese casón de Villapérez, aquél que en su día supuso un duro enfrentamiento administrativo, político y policial. Pues bien, esta Fundación ya lleva varios años funcionando y, desde la objetividad y el rigor, creo que se puede afirmar que lo ha hecho satisfactoriamente porque ha cumplido los fines para los que fue creada y, además, porque ha conseguido que hoy la memoria, el conocimiento y la valoración del pintor que le da nombre ocupen un lugar que de otra forma no ocuparía ni en León ni, lo que es mas importante, en el resto de España porque las actividades y proyecciones de la Fundación han rebasado ampliamente en estos años los límites provinciales. Es más, si alguien, en un exceso de celo crítico quisiera plantear alguna reprobación a la labor realizada por los responsables de la Fundación, tal vez, podría ser la de haber incurrido en una cierta desmesura a la hora de establecer merecimientos o alcances en la obra del pintor burgalés. Pero tampoco serían necesarios demasiados esfuerzos para rechazar tal actitud crítica si se tiene en cuenta, como no puede ser de otra forma, la pasión por la vida y por la obra de Vela Zanetti, que siempre ha mostrado y nunca ha tratado de ocultar el responsable más directo de la Fundación. No se trata de resumir aquí y ahora lo que ha sido la trayectoria o de reflejar con detalle las distintas actividades impulsadas por la Fundación en sus años de provechosa existencia, en primer lugar porque aquella y éstas están en la memoria de muchos leoneses que las han disfrutado. Se trata, sencillamente, de proclamar públicamente, que la Fundación Vela Zanetti constituye una referencia esencial en el universo de la cultura leonesa y que por ello mismo no parece lógico que se intente cuestionar ni su pasado, ni su presente ni, mucho menos, su futuro por culpa de planteamientos o ambiciones personales que nada tienen que ver con los propósitos que impulsaron el nacimiento de la Fundación. El silencio siempre es cómplice y por ello los patronos de la Fundación en primer término y los leoneses inmediatamente después, tienen que tratar de que la Fundación siga manteniendo su línea de trabajo eficaz, serio, solvente y responsable, dejando a un lado piruetas o cambios drásticos en su gestión, que a lo mejor no obedecen a benéficas intenciones sino a otros intereses de más difícil justificación, incluso aunque se presenten con apariencia de inocente amor fraterno. A estas alturas del siglo y de nuestra, al parecer, depurada sensibilidad cultural, no sería ni justo ni necesario dejar a la Fundación Vela Zanetti al albur de algún iluminado que piensa que el talento se hereda como los apellidos y se atreve a plantear propuestas de muy dudosa conveniencia y/o necesidad. Como algunos recordamos todavía, en su día fueron necesarios muchos esfuerzos humanos, políticos y hasta presupuestarios para hacer realidad el deseado alumbramiento de la Fundación Vela Zanetti y por ello León no debe consentir ahora que alguien intente poner en riesgo su futuro. Y menos si se trata de un «alguien» que, como decía Jean de la Bruyere, suele empezar a hablar antes de haber pensado. Conozco a pocas personas de cualquier parte que hayan luchado tanto por conseguir la libertad que disfrutamos ahora como lo ha hecho el maestro Victoriano Crémer; vaya por delante mi admiración y respeto al venerable poeta. Tengo algo más que decir. Cuando todos, a su edad, hace tiempo que se han jubilado y la mayoría piensan que poseen el monopolio del sufrimiento, él ya escribía todos los días una columna, «Crémer contra Crémer» en Diario de León. Era, y es, un placer su lectura. Yo entonces vivía en La Virgen del Camino, sorprendido por la brillantez de los temas que trataba y por la belleza literaria con que los exponía; llegó un momento en el que empecé a leer el periódico por la página en que estaba su artículo y no pocos días sólo dispuse de tiempo para mi encuentro con él. Victoriano Crémer ocupa un lugar señalado en la reciente historia de León de cuya ciudad ha sido Cronista Oficial. Todo lo que tiene de bueno, todo lo que tiene de malo y el recuerdo de su pasado esplendoroso ha sido examinado por la pluma de este poeta de renombre universal. En todas las bibliotecas hay memoria de su sensibilidad, su vida y su obra cedida para la paz. Este periódico y otros, como Tribuna de Salamanca , siempre atentos a todo lo que se refiere al mundo de la cultura, publicaron hace unos días la noticia de que el insigne juglar, Victoriano Crémer, había sido propuesto para la concesión del premio «Cervantes». Este juntapalabras, que ha tenido el honor de escribir en el mismo diario que él, se une a los promotores para apoyar su candidatura. Pues en esta ocasión: «no adorna el galardón al pecho sino el pecho al galardón». Pocos días después he leído un artículo que le dedica al poeta, José Ledesma Criado, fallecido recientemente en Salamanca, que como él, alcanzó la gloria en el difícil arte de la lírica. Que el Señor le de el descanso al otro lado del Jordán que por su bondad se merece. A sus noventa y nueve años, Crémer nos sorprende escribiendo unos renglones que no sólo son un emocionado recuerdo de despedida, son una apacible oración fúnebre y un canto a los más altos valores de la amistad y del compañerismo; también en este aspecto ha sido generoso don Victoriano. ¡Ah de las esferas!/ ¡Ah de las estrellas!/ ¡Ah del cielo! donde/ habitan los poetas. ¡Ah de la palabra!/ ¡Ah de la hermosura!/ ¡Ah de la poesía! donde viven/ los que admiran la bohemia./ ¡Ah de la tenue brisa!/ ¡Ah de la estética!/ ¡Ah de la luz! que alumbra/ a las musas de la belleza. El día de la concesión celebraremos una nueva fiesta, la fiesta de la Palabra, en honor de los poetas.