POR LA AMURA
Rajoy y la porcelana
«UN EX-PRESIDENTE del Gobierno es como un jarrón chino muy, muy grande en un apartamento muy, muy pequeño; se supone que es tremendamente valioso, pero en el fondo todo el mundo está deseando que se rompa o que entren los ladrones y se lo lleven». La frase es tremenda, y mucho más si tenemos en cuenta que quien la pronunció fue Felipe González; eso sí, lo hizo cuando ya hacía tiempo que decidió apartarse de la actualidad política para diseñar joyas hechas con piedras del río y regalárselas a sus amistades. Si será razonable la comparación que hasta Mariano Rajoy la suscribió, aunque con una prosa más sobria y sin mentar a la bicha, faltaría más. Y lo hizo en forma de petición al mismísimo Aznar, un pedazo de jarrón de la dinastía Ming que preside el vestíbulo de Génova 13, cuando en vísperas de la convención nacional del PP que conmemorará su victoria triunfal sobre González en 1996, le pidió espacio para dejar ver su propio proyecto y superar el legado del aznarismo como vía para recuperar la confianza mayoritaria de los electores y así reconquistar el Gobierno. Seguro que Rajoy siente envidia cuando ve las pidras-joyas de Felipe González y desearía que a su mentor le diese por la pesca o la petanca en lugar de dar conferencias en Georgetown o mítines en México D.F. Pero Aznar es al fin y al cabo un jarrón Ming auténtico, y la imagen pública que el país está recibiendo del proyecto político de Rajoy son los mensajes diarios de Acebes y Zaplana, y eso también es porcelana china, pero china del Todo a un euro .