EN BLANCO
Nuevo escenario
UNA VERSIÓN SOBRIA sostiene que nada ha cambiado en realidad acerca del controvertido programa nuclear iraní por su entrada en el Consejo de Seguridad de la ONU y otra cree que, en cambio, ha empezado un proceso que recuerda al del caso iraquí, un recuerdo ominoso donde los haya. Probablemente lo que se da es una mezcla de las dos: de hecho, sigue abierta por completo la posibilidad de un arreglo al que fuentes oficiales iraníes se dicen siempre dispuestos; pero es un hecho que Washington ha succionado el expediente del ámbito de la Agencia Internacional y lo ha colocado en el registro político que buscaba. Washington ha observado hasta ahora un perfil bajo y dejó a la troika europea (Berlin-Londres-París) el cuidado de llevar la negociación por cuenta de lo que aún llamamos Occidente. Es un hecho que cuando ahora Washington mencione las preocupaciones o las esperanzas de la comunidad internacional, una figura que carece de significación real cuando, por ejemplo, no incluye a China o la India, no mentirá, pues el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, representa a la perfección a tal comunidad. Eso no significa que se alteren mucho las cosas, pero da a los Estados Unidos un cierto margen y es percibido como un premio a su conducta: gastar mucho tiempo y dar margen a la negociación como si tuviera en la memoria el Iraq. La situación no es aún comparable, aunque se registran ecos inquietantemente parecidos, como advertir a Irán de las serias consecuencias (Bolton) que podría acarrearle su conducta o que Washington tiene sobre la mesa todas las opciones (Cheney) .