Diario de León
Publicado por
FABIÁN ESTAPÉ
León

Creado:

Actualizado:

DE ELLO comencé a hablar dos semana atrás. Se trataba de exponer -con la esperanza del ejemplo- los recientes ecos, todos relevantes, de una política iniciada ocho meses atrás por el actual primer ministro británico, el laborista Tony Blair; célebre también por aparecer en la traída y llevada fotografía de las Azores, con George W. Bush y José María Aznar López, expresidente del Gobierno, antes de las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, y de haberse agotado los dos mandatos, según anunció, y cumplió en 1996. Pero no es de las Azores y de la fotografía de lo quise y quiero hablarles. Para mí la tregua y la paz en Irlanda del Norte, con un total de víctimas que supera los tres mil, entre mujeres, hombres y niños. Allí se encierran lecciones no fáciles de asimilar, pero lecciones cuando se ha producido la entrega de todas las armas del IRA; la excarcelación, probada por el Comité Mixto del Gobierno Británico y del IRA con la participación a veces decisiva de representantes de la Iglesia Católica. Cuando, según documentación que obra en mi poder, se ha elaborado una fórmula novedosa: la de cumplir el resto de la condena en los domicilios de los presos. En cierto modo la iniciativa de Blair, secundado en todo en momento por los partidos de la oposición: Conservador y Liberal Demócrata, ha logrado con la paz la aplicación pactada de «paz por presos». Fue un gran día para Tony Blair cuando pudo anunciar en una Cámara de los Comunes expectantes todos: «En el día de hoy no queda un solo preso irlandés en las cárceles británicas». ¿Qué podremos obtener de la experiencia británica los españoles dolidos por un problema semejante? Yo espero que se imponga el sentido común. Sin embargo, algunas voces desaforadas, la de Zaplana, exige que a los asesinos se les llame asesinos, esto nos lleva a decirle al Pollo de Benidorm que «asesinos» no todos. Hace falta mayor respeto cuando se trata de las víctimas. Yo tuve la ocasión, y el privilegio de ser amigo íntimo de quien más tarde sería víctima, en Barcelona, de los criminales de ETA. Se trataba de Ernest Lluch, el único ex ministro asesinado por ETA. Lluch me decía: «A las víctimas todo, amparo del Estado, solución a todos sus problemas; pero la política del Estado encaminada a que no haya más víctimas no puede cimentarse en el dolor de cerca de un millar de asesinados sin causa». Por ello me desalientan voces como la de Eduardo Zaplana, y no dejo de preguntarme -algún día lo contestaré- cómo hay que llamarle para que se sienta y lo sintamos completamente descrito.

tracking