Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

La hamburguesa y el pulpo

Publicado por
MANUEL FÉLIX
León

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NO HAY VIDA más allá de la política. Esta semana lo comprobé. Tenía unos días de descanso y decidí abstraerme. Opté por no atender a la rutinaria trifulca política o judicial que vienen manteniendo, con tirones de pelo, los Saavedra y Riesco de turno. Me subí al coche y como había feria en un pueblo, allí me quedé a comer el pulpo. El de verdad, el del pote de cobre, currusco de pan reciente, botella de vino y tentáculos adobados con sal, aceite y pimentón, como nadie mejor que una pulpera sabe hacer. Las mesas situadas en la calle eran tres tablas alargadas. Con la ración de pulpo iba incorporada una escena del cine costumbrista de Buñuel, Bollaín, Aranda, Almodóvar y Amenábar. En una esquina del tablado gastronómico había cuatro personas: Una señora de unos 72 años, bien oronda y un poco sorda, con sus dos hijos (los tres del Bierzo) y la novia extranjera, (con facciones latinas), de uno de ellos. Me chocó ver a aquella mujer joven comer una hamburguesa en medio del festín pulpero. Como hablaba muy alto no pude por menos que ser un tanto cotilla e indiscreto y escuchar el chorreo que la muchacha le soltaba a su futura suegra. Siempre se repetían en la discusión las palabras «dinero», «la paga» y «traición». El caso es que la anciana mujer echaba en falta algunos billetes de su cartera y no miraba precisamente para sus hijos, aunque a uno de ellos le culpaba de haber metido en casa a aquella señorita. «Mamá, estamos en la calle; así que no quiero oír una palabra más alta que otra», le decía su hijo, el enamorado. En medio de la bronca del pulpo y la hamburguesa, - con tufillo de una alianza de civilizaciones-, apareció en una segunda escena la hija de la pulpera. En la plaza, muy cerca del pote del pulpo, había plantado un acebo y, -cosas del destino-, ella acercó demasiado la oreja y uno de sus pendientes fue atrapado de cuajo por las hojas punzantes del árbol. Dos bolas azules se desparramaron por el suelo y el engarce de oro desapareció del planeta. Los que allí estábamos, por solidaridad, ayudamos a buscarlo y hasta las fuerzas vivas del pueblo se implicaron. Pero nada. Pagué, me fui de allí y por la acera iban dos muchachos de unos 14 años a los que les estaba cambiando la voz, y que soltaban algún que otro gallito. Uno de ellos pedía al otro que pusiera esa voz tan de tenor para contactar por el móvil con la chica que le gustaba. La puso y ufano, cuando colgó, le dijo satisfecho al otro: «En mi casa, cuando hablo así, acojono hasta a mi madre». Bueno, pues créanme: Cuando por fin los perdí de vista y subí al coche me atormentó de nuevo el recuerdo de los políticos. Vi en la familia del pulpo y la hamburguesa al pretendido partido nuevo que quieren crear los críticos del PP del Bierzo, con extraños compañeros de cama. Vi en la hija de la pulpera que buscaba el oro del pendiente al presidente de Armi, a Laudino García, que aunque sabe que el Plan del Carbón no frenará la sangría de las cuencas sigue buscando lo irremediable. Y vi en los dos niños gallitos, -los que les cambiaba la voz e intentaban impresionar a la chica-, al senador José Giménez y al alcalde del PSOE de turno presentar cada sábado tres veces la misma glorieta con fondos de Fomento. La leche, oigan.

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