EN POCAS PALABRAS
Bono y la frivolidad
SI LAS COSAS fueran como ha manifestado Bono, si los acontecimientos se hubieran desarrollado según la edulcorada versión del todavía ministro de Defensa, su dimisión sería una gran frivolidad. Que un ministro muy curtido en toda clase de bregas públicas descubra a mitad de legislatura que está cansado y que ha descuidado su vida familiar es una soberana insensatez. Si las cosas no son como ha manifestado Bono, es decir, si tras la dimisión existe una poderosa recámara política de discrepancias ideológicas y de incompatibilidades personales, la escenificación de la retirada habría constituido una gran burla a la ciudadanía: se la habría querido hacer comulgar con ruedas de molino. Sa cual sea la realidad de lo acontecido, es manifiesto que la retirada/dimisión/destitución de Bo-no es la culminación de un populismo huero cuyo protagonista se ha creído siempre el ombligo del universo. Al fin y al cabo, no debería olvidarse, porque ahora cobra especial significación, que Bono es el único ministro de nuestra democracia que ha tenido la osadía de pretender condecorarse a sí mismo.