Diario de León

EN EL FILO

Incógnitas demasiado inmediatas

Publicado por
VALENTÍ PUIG
León

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NO SERÍA pecar de pesimismo suponer que tal como están Alemania, Francia e Italia todo el proceso europeo puede entrar en situación de colapso. Estas tres naciones son socios europeos de primera hora y países ricos, miembros del G-7, aunque los italianos de forma más incierta. Lo que está pasando se compone de una suma muy heterogénea de causas y circunstancias: crisis de confianza, lideratos débiles, opiniones públicas volátiles, economía de bajo empuje, populismos que pretenden «hablar claro» frente al lenguaje oscuro de la política, una idea de Europa de cada vez más remota, necesidad de reformas que los gobiernos no osan afrontar por miedo al castigo electoral. Es cierto que Angela Merkel aguanta con eficiencia y dignidad al frente de su «gran coalición» pero esa es una forma política en la que los márgenes de maniobra son muy escasos y el deterioro puede sobrevenir al primer desacuerdo que aflore. Aún así, Merkel resiste y actúa, eso sí, sin la libertad de movimiento que una victoria amplia democristiana la habría aupado al liderato europeo. Los compromisos de «gran coalición» con la socialdemocracia indudablemente restan celeridad a las reformas económicas y estructurales de tanta necesidad. El caso español es distinto, entre otras cosas porque Zapatero mantiene razonablemente sus índices de popularidad, sea como sea. Pero incluso así, no puede decirse que un gobierno que depende del sostén de IU y de ERC sea un gobierno fuerte. Ni ETA ni el problema territorial son causas implícitas en el caso de Italia, Alemania o Francia. Existen, sin embargo, contagios y virus de gran pugnacidad del mismo modo que las manifestaciones contra Villepin tendrán algún efecto mimético en otras partes de Europa. En Francia, las cesiones del gobierno de Villepin en el caso de la ley de primer contrato hunden la presidencia de Chirac y dañan las posibilidades electorales de Villepin, por supuesto, pero también de esa gran promesa llamada Nicolas Sarkozy. Con pesimismo, Revel insinúa una hipótesis catastrófica: unas elecciones en las que los dos candidatos que pasen a la segunda vuelta sean el líder de la antiglobalización José Bové y la derecha populista y radical de Le Pen. La calle le ha ganado un pulso a la Quinta República, se mire como se mire. Un motín de estudiantes al que se agregaron los sindicalistas logra sobreponerse al voto de la Asamblea Nacional. Es un precedente grave pero no insólito: con Chirac hay precedentes de esto y de todo lo que se quiera. Italia es el caso de un voto muy dividido y de un gobierno emergente fundamentado en una coalición de gran fragilidad y con un liderato -Prodi- de escasa fortaleza. El referéndum sobre Berlusconi ha finalizado con dosis equiparables de luces y de sombras. Habrá un período de espera hasta la elección del nuevo presidente de la República y del consenso que para entonces se fragüe se deducirá si Prodi consigue gobernar o hay que ir a otras fórmulas, como el gobierno técnico, nuevas elecciones o la tesis del Gran Centro. Tony Blair tampoco está en su mejor momento. Como se dice vulgarmente, le están creciendo hasta los enanos y el antiguo carisma se derrite y resquebraja como una capa gruesa maquillaje. Desde luego, la economía británica lleva mucha ventaja sobre -por ejemplo- la francesa o la italiana pero también en el Reino Unido se intuye una crisis de confianza. La sucesión pactada entre Blair y Gordon Brown está en el aire. El índice de aceptación popular de Tony Blair es notablemente bajo. Quizás una reactivación económica haría que todo transcurriera en un paisaje más ilusionado, sin tantos agravios. Incluso es posible que, como dicen algunos observadores optimistas, la chispa de la reactivación prenda rápidamente. Por supuesto, eso no es todo: sabemos además que llevamos todos algún tiempo viviendo por encima de nuestras posibilidades. No es fácil gobernar la distancia entre realidad y apariencia.

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