Diario de León
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FERNANDO DE ARVIZU
León

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POR SORPRESA, el presidente hizo cambios en el Gobierno. Aparte de la misma sorpresa, la crisis no tiene demasiado sentido salvo que se le aplique la palabra-clave que la ilumina: negociación. Por supuesto, negociación con ETA, su mundo y también con su sub-mundo. Empecemos por lo más inane: la ministra de Educación acaba de aprobar la primera de sus dos leyes: la LOE. Debía estar disfrutando su momento de gloria y pensando en ponerse a trabajar en la que modifica la LOU. Y de la noche a la mañana, se encuentra fuera del Ministerio. Momento amargo. ¿Lo sabía, lo presentía al menos? Hay ministras mucho más cesables, ¿entonces, por qué ella? Quizá la ex ministra debió decir algo que al presidente no le gustó, algo que tuviera que ver con la condición de catedrática que ostenta mientras que Zp, aunque presume de ser profesor, no hizo ni siquiera el doctorado. Esas cosas no se perdonan. Obviamente todo el mundo lo negará, pero ya se sabe que en un cese fulminante, el mayor interés del jefe es decir que el cesado había solicitado el relevo y el del cesado, que había terminado su labor ministerial, a ver si le recolocan en algo bueno o al menos no le olvidan. Esto último se aplica al caso siguiente. Bono confiesa haber mandado una carta a su presidente tres meses antes ¿Era una carta de dimisión? No lo creo, con haberse ido al día siguiente bastaba. Desconocemos lo que la carta dice pero algo sabemos del contexto que la rodea. Bono ha hablado de España, de la bandera, de la patria... o sea, de cosas que ahora no conviene airear. Probablemente tuvo sus diferencias con Zapatero y a lo mejor exteriorizó su postura en temas que al castellano-manchego le parecían fundamentales, pero que a su jefe le parecen «discutidos y discutibles», o sea que no es de esperar que pelee por ellos. La carta -ya se sabe- es algo que puede publicarse en unas Memorias 20 años después. Así las cosas, tener a Bono de líder y al mando de los servicios de espionaje del Ejército no era una opción. Basta ver a quién ha puesto: a un juez que no tiene por qué saber de temas militares, pero que ya ha tenido a su mando los servicios de inteligencia de la Policía y Guardia Civil y además es de su absoluta confianza. No vaya a ser que acaben por aparecer cosas que hasta ahora se ha negado que existen, ya saben a qué me refiero y un ministro cabreado puede dejar en ridículo a un auto de procesamiento. Por último, en Interior está ya Rubalcaba. Le tildan de maquiavélico y -según dicen- está al tanto de todas las conversaciones con ETA. Si el gobierno ha proclamado varias veces que no ha tenido tales contactos ni conversaciones y no miente, aunque sea recurriendo a la restricción mental -escolasticismo rancio- ¿quién las tuvo? Puede que no fuera Rubalcaba en persona, que bastante trabajo ha tenido en el parlamento, pero basta con que conozca lo que hasta ahora se ha negociado. De ministro del Interior, con la entera confianza del presidente, puede impulsar y aún ser la cabeza visible del proceso negociador. Así veo yo una crisis que no es tal. Y ahora el enigma: ¿quién quiere que no se contrate a nadie, pero cuando mandaba se marchó contratando a todo un ejército?

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