Diario de León
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Durante el pasado mes de marzo, el Diario de León, con motivo de su Centenario, organizó unos magníficos debates muy variados: históricos, políticos, económicos, etcétera. En uno de esos debates históricos vino invitado el señor Julio Valdeón, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid. La sala de debate estaba a reventar de gente, como nunca. Había un gran interés en oír al catedrático. El señor Valdeón buscó el aplauso fácil del público, pero no lo consiguió. Al final del debate, en ruegos y preguntas, hice personalmente unas preguntas al señor Valdeón. Le dije: el 11 de abril de 2005 hizo usted unas declaraciones en el Diario de León en los siguientes términos: 1.º Existieron diferencias entre León y Castilla en los siglos IX y X, pero, a partir de aquí, hubo un paulatino acercamiento a todos los niveles. 2.º A pesar de su «singularidad», a León no le asisten derechos de peso para alcanzar el autogobierno. Mi comentario a sus palabras fue el siguiente: Difícilmente los Reinos de León y de Castilla podían tener relaciones buenas o malas en el siglo IX sencillamente porque no existían ninguno de los dos Reinos. El de León comenzó su andadura el siglo X, concretamente el año 910. Castilla no estaba ni en embrión, era un pequeño condado del Reino de Asturias y, además no se llamaba Castilla sino Vardulia La respuesta fue, que no recordaba haber dicho semejantes palabras. Al poner, ante sus ojos, el diario con sus declaraciones, manifestó que todo era un inven to del periodista. Otro oyente le preguntó si conocía alguna región española con más derechos de peso que León para tener Autonomía. Contestó, que no sabría¿. Pablo Pérez López, catedrático de la Universidad de Valladolid, en el prólogo del libro Castilla y León Proceso Autonómic o de Mariano González Clavero escribe: la Historia, tal como hoy la conocemos, se ha conformado en el siglo XIX Asimismo, el presidente de las Cortes de Valladolid (no entiendo el nombre oficial de Castilla y León), don José Manuel Fernández de Santiago, en una alocución radiofónica en la cadena Cope, dijo textualmente: La Historia de Castilla y León comienza con los Comuneros en el siglo XVI. Que hombres de tanto prestigio y de tanta cultura universitaria, sean capaces de manipular la Historia unas veces y de mentir otras, es una clara demostración de que estamos en un momento de clara prostitución política para beneficiar a unos y perjudicar a otros. Es inconcebible que personas con una formación cultural de tan alto nivel se hayan dejado convencer para manipular la Historia. Es una demostración de la falta de valores humanos y de honradez en personas dispuestas a vender su prestigio y su honor por un poco de poder y de dinero. A estos «honorables» les quiero recordar las palabras del francés Telleyrand... «sólo hay algo más terrible que la mentira: la verdad». Todo este embrollo histórico es la consecuencia de un plan largamente planificado: ayudar a hacer grande a Valladolid a costa de lo que sea. Hay mil y un argumentos para poder afirmar que la planificación autonómica ha despedazado Castilla, no quedando de ella más que el nombre y, posiblemente por poco tiempo. Del Viejo Reino de León se puede decir que esa planificación ha sido la catástrofe más brutal que ha recibido en su milenaria Historia. Solamente una vez, en tiempos de Almanzor, ya en el siglo X, León fue destruida. Pero Almanzor no fue capaz, tampoco lo intentó porque eran tiempos en los que el honor era muy apreciado, de destruir la Historia ni la identidad leonesa. Se llevó todo lo que cayó en sus manos, pero el alma leonesa con sus virtudes y sus valores morales quedó intacta y pudo recuperarse plenamente. Hoy, la autonomía vallisoletana, no ha destruido físicamente León, ha hecho algo peor, nos ha despojado de nuestra Historia y de nuestra identidad y hasta de nuestro nombre. Ahora el nombre de León ha quedado reducido a una ciudad. El nombre de Reino de León o región leonesa es el Oeste de la Comunidad. Pero esto no es todo, desde hace veinte años nos están despojando de nuestros mejores recursos económicos, incluidos los renovables, impidiendo con ello el desarrollo de las tierras leonesas. Pero lo peor está aún por llegar. Hace unos días, el señor José Antonio de Santiago, portavoz del PP en el Parlamento de Valladolid, en presencia del castellanoleonés Ángel Villalba, nacido en León, manifestó que era «fundamental» la inclusión de la competencia de la gestión de las aguas del Duero, quiso decir, las aguas de León en el nuevo estatuto. ¿A quién interesa esta competencia? Si, perteneciendo la Confederación Hidrográfica del Duero al Estado, han conseguido que la provincia de Valladolid, que es un poco más de la mitad de la provincia de León y sin apenas agua para regar sus campos, tenga más hectáreas de regadío que la provincia leonesa, la más rica de toda España en aguas de regadío ¿Qué pasará si consiguen gestionar desde Valladolid las aguas de León? ¿Qué harán cuando sean los dueños y señores de las aguas leonesas? Sin duda, será la ruina total de la provincia leonesa y, por añadidura, de Zamora y de Salamanca. Sin agua no es posible el desarrollo económico; eso es algo tan elemental que hasta nuestros políticos lo saben. ¿Por qué no lo impiden? Sencillamente están anestesiados y calladitos, no sé si por la «pasta» que cobran o por la falta de hombría y de cariño a su tierra. Esto es lo que tenemos. Mientras España se mueve y avanza en el desarrollo económico y bienestar social, un grupo de oligarcas, que juega a historiadores y políticos se dedica a destruir la identidad y la cultura del pueb lo leonés. Hasta su presidente nos amenaza con enviarnos a las cavernas. De momento nos obligan a permanecer en una autonomía que es como un cáncer que no tiene alternativa, o lo extirpas o te destruye.

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