Diario de León
Ana Gaitero
León

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NO hay ley que a mí me juzgue por muy integral que sea. Esta es la premisa del hombre que mata a su ex compañera y luego se suicida. El violento se mira en el espejo, no se reconoce en el charco de sangre que ha dejado y prefiere diluirse en esa mancha de la que ya nadie le podrá pedir cuentas. El agresor que se quita la vida priva a la sociedad de juzgarle porque está convencido de que lo ocurrido es algo que sólo le atañe a él, aunque diga que es una cosa entre «tú (la víctima) y yo (el hombre con poder para cambiar su vida por haber sido su mujer)». El agresor suicida busca la impunidad autoinmolándose. Mistifica en grado máximo la creencia de que la violencia es un asunto privado, una prolongación de la relación afectiva cuando el amor ha desaparecido si es que alguna vez existió. Dice José Antonio Marina que el miedo, la pereza y la maldad son los tres grandes enemigos de la inteligencia y las tres se juntan para dar rienda suelta a la agresión. Miedo a perder el estatus de dominador, pereza de aprender nuevas formas de relación y maldad a fuerza de confundir a la compañera, esposa, amiga, novia o ex de todo eso con una esclava que nunca debió gritar libertad. La desigualdad es la raíz de la violencia, de toda violencia. Y en España según el último barómetro del CIS, la sociedad todavía percibe mucha asimetría entre hombres y mujeres (46% de las respuestas). Aunque reconocen (85%) que la situación ha mejorado muchísimo en los últimos diez años, las mujeres todavía encuentran muchas barreras para cobrar lo mismo a igual trabajo, acceder a puestos de responsabilidad en las empresas (los jefes no se fían de ellas) y en la política. Tampoco está fácil lo de compartir las responsabilidades familiares. Y sin embargo, la educación es el bien social más equitativo entre hombres y mujeres... Habla la encuesta, claro está, de la educación formal. La informal, la que marca el nacimiento con lacitos azules y rosas y fija la idea de mujeres tiernas, hombres fuertes, también sujeta ese gran bastión de la violencia.

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