Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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TENÍA YO preparado un discursete sobre las razones y sinrazones del populismo que arrasa en los sillones de algunos pobres países latinoamericanos, pero hay voces mucho más autorizadas para analizar el fenómeno. Y la mía, con autoridad o no, no puede menos de hacer un llamamiento urgente en defensa de la dignidad de las madres. Son madres, es verdad, el camión de la basura que hace desaparecer los peores pedazos de las comidas; las recogedoras de ropa repartida con saña por las habitaciones infantiles y juveniles (¿solo?); las que cuando van a acostarse (según me leía el otro día mi amiga Camino en uno de esos emails chistosos cargados de verdades) por el camino sacan la comida del día siguiente, apagan las luces, riegan las plantas, colocan las vestimentas familiares de la próxima jornada, hacen la lista de la compra,... Son madres, algunas incluso suegras. ¿Pero tanto delito es? Cómo, si no es por inquina, puede entenderse que para festejar el día de la progenitora se llenen los comercios de freidoras, aspiradores, planchas (centros de planchado, si la familia es generosa, para que pongan al día la colada familiar con mayor presteza), balletas mágicas,... Todo lo que ellas sólo necesitan para hacer más fácil la vida a los demás. Aunque peor me parece, si cabe, que entre las propuestas figuren anticelulíticos, cremas rejuvenecedoras, wonderbrás,... Esas mujeres (¡sí, debajo de cada madre se esconde una mujer!) tienen, aunque ya no se acuerden, sus aficiones, sus gustos, sus debilidades. ¿Es tanto pedir un poquito de esfuerzo para pensar, aunque sea una vez al año, en ellas por ellas mismas?

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