Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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LOS PAÍSES pobres, por más que se unan, siempre resultan vencidos, pero no derrotados. No es lo mismo. No hay sinónimos. Cada palabra tiene un matiz y si hubiera dos absolutamente idénticas, no se habría inventado la otra. El líder cocalero Evo Morales, tan zaherido por su indumentaria de mayoral de llamas cuando viajó por Europa, no quiere ser el árbitro de la elegancia, pero desea arbitrar el gas y el petróleo en su país, donde el hambre es congénita y hereditaria. La brusca nacionalización de todos los hidrocarburos, con el Ejército y la Policía haciendo guardia en los oleoductos y en las refinerías, hace temblar el suelo bajo nuestros neumáticos occidentales. Cuando se ha recorrido de cabo a rabo lo que algunos insistimos en llamar Hispanoamérica, sorprenden menos estas cosas. Llega un momento en el que los indigentes no se resignan a serlo, ni les consuela el mal de muchos porque no son tontos. Morales ha adoptado la medida después de visitar a Castro, con Hugo Chavez de testigo y ha nacido una nueva sigla: YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos). ¿Cómo asombrarse de que alguien, dueño de un trigal, se oponga a que venga alguien de fuera a instalar panaderías? No se sabe qué futuro tendrá este triángulo, pero se sospechaba que tenía que llegar la rebelión contra el subdesarrollo y surgiría alguien como Caupolicán o como aquel Lautaro que «aprendió la conducta de las flechas». Las garantías jurídicas están peligro y habrá que abrir un proceso de negociación, a ver si el negocio es para todos. «Se acabó el saqueo», ha dicho Evo, que no suele hacer discursos largos.

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