Diario de León

DESDE LA CORTE

El ingenuo y el avalista cicatero

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FERNANDO ONEGA
León

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EL ANUNCIO del presidente -en junio, notificación del comienzo del proceso de diálogo con ETA- no debiera sorprender a nadie. Ésa ha sido la fecha siempre señalada por los medios informativos. ¿Qué ha cambiado para que lo esperado ayer resulte sorprendente hoy? Ha cambiado la locuacidad de ETA y Batasuna. Han dicho que no dejarían «mansamente» su actividad. Han repetido que no habrá paz sin autodeterminación. Se han quejado de la actividad judicial y la han calificado como golpe a la negociación. Han justificado los sucesos de «kale borroka», como expresión espontánea, por tanto incontrolable, de irritación social. Y no han rechazado la posibilidad de seguir en su tarea recaudatoria; es decir, de la extorsión. Esta suma de declaraciones hizo que mucha gente se enfriara ante la sinceridad del alto el fuego. A todos nos pareció más realista Pérez Rubalcaba cuando dijo que «no hay convicción de que ETA quiera poner fin a la violencia» que los fríos informes policiales sobre la ausencia de actividad de la banda. Por eso sorprendió Zapatero. Todos veíamos una ralentización del proceso, y él lo agiliza, como llevando la contraria al mundo. Y lo más llamativo: sin justificarlo; dejando esa justificación para el Pleno del Congreso. Como casi siempre, nos ofrece una delicada mercancía y nos fuerza a corresponder con confianza ciega. Pero la mayor sorpresa ha sido la del Partido Popular: le niega a Zapatero su aval para negociar. Y se lo niega de forma tajante, irreversible, porque no encuentra indicios de que el abandono de la violencia sea definitivo. Hay que recordar que ese mismo partido no fue tan exigente consigo mismo cuando intentaron una aproximación en tiempos de Aznar. Es cierto que no se avinieron a dialogar vistas las condiciones que ETA puso sobre la mesa, pero lo intentaron, e incluso cumplieron condiciones como el traslado de más de un centenar de presos. Ahora, las gentes de Rajoy se alarman por el hecho de que no haya entrega de las armas. Hombre, señores del PP, para eso se va a negociar, supongo. Si hubiera esa entrega, no haría falta sentarse a hablar. ETA se hacía el harakiri, y fuera. Es una disculpa efectista ante su electorado, pero poco creíble en cuanto a las intenciones: parece una negativa de darle a Zapatero una baza, no una voluntad de explorar a dónde se puede llegar. En ese sentido, era más aceptable la posición anterior: no avalar ninguna negociación ni concesión política a terroristas. Pero es malicioso decir a la sociedad que sólo es posible una rendición absoluta, incondicional. Eso no existe, ni nunca podrá existir. Rodríguez Zapatero podrá ser torpe, ingenuo y angelical. Pero lo que quiere avalar el Partido Popular tiene mucho de engaño al país.

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