AL TRASLUZ
Alambradas
BUSH QUIERE construir un gran muro de seiscientos kilómetros en la frontera con México, para frenar la inmigración ilegal. Analistas le han advertido que más valdría invertir en ayudas al desarrollo en vez de en tan costosas medidas, por no hablar de los miles de millones de dólares que se destinarán a las distintas contratas de seguridad, de poca o nula eficacia, pues si alguien es capaz de adentrarse en un desierto para huir de la miseria no le detendrán otros obstáculos, aunque la posibilidad de morir en el intento sea muy alta. El problema de la inmigración ilegal es grave, pero una sociedad que se llame a sí misma desarrollada debe encontrar soluciones éticas y humanitarias, pues las otras ya están inventadas. Aquí en España, el fenómeno ha alcanzado cifras que rebasan la capacidad de actuación de las autoridades, pero al menos están empezando a escucharse argumentaciones encaminadas a ayudar económicamente a los países desde donde nos llegan los cayucos. El siglo XXI está enseñando sus afiladas zarpas, pero nuestra respuesta no puede ser sólo policial, debemos progresar en la erradicación de la miseria, crecer espiritualmente como civilización. Por otra parte, y debido a la dificultad del reto, tarde o temprano surgirá el líder político, autoproclamado independiente, con un demagógico discurso de mano dura; y no serán pocos los votos que reciba. Por ello, conviene a los partidos democráticos no subestimar esta preocupación de la sociedad, y ofrecer soluciones que sean a la vez eficaces y humanitarias. Lo contrario propiciará la llegada de peligrosos salvapatrias... y de ciudadanos con alambradas en la mirada y un gran muro en el corazón.