LA VELETA
El PP y Andalucía
LA REFORMA del estatuto de Andalucía es la única hasta ahora en la que el presidente Rodríguez Zapatero ha visto reflejados sus criterios, excepto en la cesión de algunas cuestiones menores para facilitar el consenso. Un consenso que deja fuera del proyecto estatutario al 40 por ciento del Parlamento andaluz, al haberse opuesto en Sevilla el PP, acompañado del menudo Partido Andalucista, a la última redacción del texto, con la expresión «realidad nacional» en el preámbulo, y haber rechazado ayer en Madrid su toma en consideración por el Congreso. El nuevo no del PP se envuelve por los portavoces populares en más suposiciones que argumentos. Lo cual no significa que algunas suposiciones carezcan de persuasiva verosimilitud. Antes de abandonar inopinadamente Madrid por el fallecimiento de su padre, Javier Arenas sostuvo que el PSOE pretendería compensar con el estatuto andaluz su gravísimo error en Cataluña (con el estatuto catalán, se entiende). Y «como los socialistas consideran que Andalucía es inferior, se quiere ahora que Andalucía tape el error de Cataluña», añadió Arenas. Esta tesis, que tiene cierta fuerza expansiva, es compartida por muchos o algunos políticos catalanes, que ven en la definición «realidad nacional» un ardid semántico para ablandar en el «estatut» la idea de nación, a la que el texto se refiere en el preámbulo como una simple o no tan simple creencia del Parlament. No parece, por el contrario, muy exacta otra opinión de Arenas sobre el socialismo andaluz, al que culpaba ayer de haber tirado por la borda casi veinticinco años de consenso estatutario, y preguntándose a sí mismo por qué afirmaba que la respuesta no estaba en el aire sino en la concepción que tiene el Partido Socialista de Andalucía, «a la que elige siempre como escenario de confrontación», lo cual supone una falta de respeto hacia la propia Andalucía. La confrontación no es, pues, conceptual sino, más bien, fruto de posiciones políticas en apariencia irreductibles, como son las del PP incómodo en la oposición, y el PSOE asumiendo las ideas y estrategias de Rodríguez Zapatero, al que lo que debía irle mal, le va regular, y lo que podía irle bien, le va mejor, y entre lo que le va mejor destaca la actitud de oposición frontal que adopta la dirección popular ante unas reformas estatutarias socialmente aceptadas, y de oposición tan ambigua como su colaboración o apoyo ante un asunto de Estado de tanta trascendencia como la lucha antiterrorista, en su fase actual, que es la del inicio de un proceso de diálogo con la banda etarra. Y mientras el texto estatutario salido de Sevilla entra en las Cortes para un tratamiento que finalizará en invierno, los dos partidos mayoritarios procuran que su encaramiento no afecte excesivamente a sus dos figuras: Zapatero y Rajoy.