Publicado por
JESÚS PRIETO
León

Creado:

Actualizado:

ANTE LAS sucesivas e incesantes oleadas de pateras, cayucos, autobuses, aviones y cualquier medio de transporte imaginable, todos ellos llenos de extranjeros. Y ante las innumerables falacias vertidas por los interesados de que esta ocupación siga llevándose a cabo La Falange opina lo siguiente: De entrada hay que rechazar de plano la opinión de que la persona del inmigrante sea un peligro social y represente un problema para los autóctonos. Un inmigrante es, ante todo, un ser humano que como tal merece un respeto y todas las posibilidades para alcanzar una vida digna. Pero parece ser que asociaciones de vecinos de Quevedo, El Ejido y La Chantría piden iniciativas para distribuir la población inmigrante por otras zonas de la capital. La Falange no es un partido racista ni xenófobo, basta con leer las obras completas de José Antonio Primo de Rivera para comprobarlo, todo trabajador de la nación que sea es bienvenido a España siempre y cuando cumpla con los requisitos que establece nuestro ordenamiento jurídico. De los actuales extranjeros que viven en el suelo patrio podemos clasificarlos en los siguientes grupos: A) Tienen buena formación académica o laboral y desean asimilarse, B) tienen buena formación académica y laboral pero no desean asimilarse pues se consideran diferentes, C) no tienen ninguna formación y desean asimilarse y D) no tienen formación y no desean asimilarse ya que se consideran diferentes. Por desgracia el grupo más abundante a fecha de hoy es el D. En cuanto a las falacias interesadas que nos hace llegar el capitalismo y los sindicatos «más representativos», refutémoslas. No es cierto que estos trabajadores extranjeros vengan a pagarnos las pensiones, ellos cotizan para pagarse sus propias pensiones y su sanidad, el argumento sería válido si los trabajadores que cotizan no fueran usuarios de la Seguridad Social, sin embargo, recibirán lo que han dado como cualquier español y como la mayoría trabaja por lo general con la complicidad de los sindicatos «más representativos», lógicamente tanto empresario como trabajador cotizan menos y aportan menos al sistema. La solución al pago de las pensiones futuras pasa por subir los impuestos lo que haga falta a la gran banca o creando un impuesto para los patronos beneficiados por la mano de obra barata a un tanto por inmigrante contratado. Pero tranquilos que no se hará con estos gobiernos tan sensibilizados. Nos dicen que los inmigrantes vienen a hacer los trabajos que nosotros no queremos, por lo visto en los últimos 400 años las naranjas, los tomates y las fresas se recolectaban solas, la pregunta es ¿cuánto pagan? En Almería y Huelva se están pagando 30 euros la jornada de 11 horas al día con lo que apenas tienen para comida y los alojamientos que dan son infames en la gran mayoría de ocasiones, es que estos empresarios ¿quieren que envilezcamos nuestra dignidad? Un reciente artículo en este periódico afirma que debido a que los patronos se han acostumbrado a la mano de obra barata no se podría abastecer al mercado si se prescinde de golpe de ella, es decir, el colmo de la codicia. Y ¿cómo es posible entonces que ni Suecia ni Japón tengan inmigrantes de los del tipo B y D antes analizados? Lo que ocurre es que en España el dueño de un edificio que va al restaurante con su familia un fin de semana no quiere ver en la mesa de al lado al portero de su edificio almorzando con su esposa o piensa que se ha equivocado de restaurante. Pero donde se han batido todos los récords de mala fe informativa ha sido en el tema de la delincuencia, los políticos se han destrozado las meninges para convencernos en que no hay relación entre inmigración y delincuencia y el que lo afirmase era «incitador al racismo y a la xenofobia», el portavoz del PSOE en la Diputación, señor Alonso, ha tenido que pagar las costas de un acto de conciliación por afirmar algo tan grosero acerca de La Falange. Este argumento es falaz y es tan absurdo como decir que criticar a alguien del PP es incitar a la violencia contra la gente de derechas o criticar a los delincuentes es incitar a su linchamiento. También nos dicen que los españoles fuimos emigrantes y no tenemos derecho a protestar, pero nuestra emigración fue muy diferente ya que fuimos a países de cultura parecida y que de verdad necesitaban mano de obra con todos los permisos en regla, con controles sanitarios y de manera ordenada, sin crear inseguridad ciudadana ni llenar algunas calles de prostitutas muchas veces esclavizadas desde sus países de origen por mafias desalmadas. Comparar nuestra emigración con la actual es como comparar a Pablo Iglesias con Rodríguez Zapatero porque los dos sean socialistas.

Cargando contenidos...