Diario de León
Publicado por
Enrique Cimas
León

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¡SILENCIO!.., ya está aquí «El Código da Vinci». Las salas comerciales han iniciado la proyección en España del film de Rom Howard, una adaptación de la novela del mismo título, de Dan Brown. Los comentarios se han puesto en pie con el vigor de las causas que no admiten elusión. Pasa un poco como con los temas trascendentes sobre los que muchísima gente quiere opinar. Y tiene derecho a ello. Claro que ése derecho queda solapado si el conocimiento de base, la formación y los criterios afirmados en autenticidades morales e históricas, no son debidamente evidenciados. Todo el mundo puede intervenir en el debate. Pero no todo el mundo está dotado para debatir. Y no lo está quien, repito, no pueda aportar conocimientos ad hoc, una adecuada pedagogía de raciocinio , y coherencia intelectual. Cuidado, pues, porque el argumento de «Código da Vinci», es, además de un objeto de debate, un sujeto proclive al disparate. La fabulación del relato es eso : fantasía gratuita y dolosa, y «verificación» de tesis extraídas de documentos espurios. Reales -como los evangelios apócrifos- pero quiméricas o falseadas. Resulta metafísicamente imposible tratar de las cosas de Jesucristo, si uno no se ha tomado el trabajo de estudiarlas, analizarlas en profundidad y, finalmente, asumirlas y, con la gracia de la fe, amarlas; o, en la otra opción, rechazarlas, usando del libre albedrío otorgado al hombre por Dios mismo. Conviene por tanto conocer que Dan Brown ha escrito un libro, una novela -ahora llevada al cine- en la que él se lo ha pasado muy bien acopiando materiales heterogéneos, divertidos y graciosos; muy en la línea de la «new age», la nueva edad desarrollada por el gnosticismo, el existencialismo y el culto a la personalidad; un vector de adecuación varia; a «dos paños», que se decía en otro tiempo : poder ser cristiano -según el autor del C. da V.- y hacerlo compatible con lo acomodaticio y blandengue. Con la práctica de lo políticamente correcto, a lo del cristiano (?) de «cumplo y miento», vamos. Un producto -éste de Brown- para ilustrar entreteniendo¿ y para ganar muchísimo dinero. Don Manuel Sánchez Hurtado, de la Oficina Internacional del Opus Dei, señala que, «quienes han participado en el proyecto de la película no tienen motivos para preocuparse. Los cristianos no reaccionarán con odio ni violencia, sino con respeto y caridad, sin insultos ni amenazas. Pueden seguir calculando tranquilos el dinero que recaudará la película. Porque la libertad del beneficio económico parece la única libertad sagrada de verdad, la única exenta de toda responsabilidad. Es probable que recauden mucho dinero, pero están pagando un alto precio al deteriorar su prestigio y su reputación». Mas, prosigamos con el modus operandi de Dan Brown y su «Código». El autor ha preparado un plato de fácil digestión, muy en la línea de las salsas y aliños de las legislaciones «progresistas». Por ejemplo, su concepción de un cristianismo permisivo en cuyos ámbitos cabe todo, incluso extraviadas formas de «combinación» sexual. Ahí ha metido la gamba hasta el corvejón. Y no solamente por su acometida contra postulados de la verdadera y única doctrina cristiana, sino porque, siendo obvio que hay gentes que no creen, que no poseen ninguna idea de sobrenaturalidad espiritual, no obstante, tampoco están dispuestas a dispensar su empatía a la promiscuidad y al quebrantamiento del derecho natural. Gran parte de su «inspiración» para escribir el engendro que nos ocupa le llegó a Brown por «generación espontánea», bebiendo en las fuentes del gnosticismo, grave desviación del Mensaje evangélico de Jesucristo, acomodada al casuismo personal de quienes querían, y continúan queriendo, que el cristianismo se adapte a sus conveniencias, o interpretaciones, y no a la inversa. El gnosticismo es una doctrina elitista según la cual los iniciados no se salvan por la fe en el perdón, gracias al sacrificio de Jesús, sino mediante la gnosis (conocimiento) introspectivo e intuitivo de lo divino, y que es un conocimiento -según dicha herejía- superior a la fe. La fe no basta, ni la muerte de Cristo tampoco. El gnosticismo es, por tanto, una mística secreta de la salvación,¿ a la carta. Esos son los hontanares «espirituales» de don Dan. Quien está pretendiendo ganar dinero -y lo consigue- y más disensión entre cristianos, cosa que estaría por ver. «Pero no es éste un momento para divisiones, señala el doctor en Información, don José Miguel Cejas, sino de construir edificios sólidos; la ocasión de hablar de Jesús con rigor histórico y científico; de fomentar el estudio de la fe; la oportunidad para que muchos conozcan el Evangelio. Parece más eficaz aprovechar esta «ola» para mostrar la historia de la Iglesia con seriedad, amenidad y amor a la verdad; y para fomentar el respeto y la tolerancia ante las convicciones religiosas de los demás, informando sobre las actividades de solidaridad que promueven los católicos en el mundo». Sharan Newman, especialista en Historia medieval y experta en el quehacer literario de D. Brown, ha dicho: «Este tipo de literatura cala en la gente que dice leer historia, pero no en estado puro, sino más bien versiones noveladas. Reconozco que es divertida, pero puede prestarse más al engaño». Vean, los que deseen ver; y lean, quienes quieran leer. No es ocioso, en cualquier caso, detenerse un punto a pensar que, en lo concerniente a los asuntos de Dios, todo es fácil, si se Le quiere conocer. Y todo puede resultar difícil, si se procura ignorarle¿

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