Diario de León
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León

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El pasado veintiuno de abril visitó la casa de mi tía abuela en Cacabelos un comercial de la delegación en León de la Editorial Rueda para presentarle y ofrecerle las distintas promociones de su empresa. Finalmente, mi tía aceptó un contrato en que se comprometía a adquirir los siguientes elementos: un «set» de desayuno de tres piezas con cafetera; una asadora eléctrica; la colección de diez tomos titulada «Los animales» y una edición de Don Quijote. A la semana siguiente llegaron dos repartidores para entregarle «los libros» que había adquirido y le hicieron firmar un papel de aceptación de lo recibido que, sólo después supo era una «ampliación de pedido», las cajas que quedaron sobre la alfombra de su salón además de lo ya mencionado contenían una vajilla, una tostadora y no sé cuantos cachivaches más. Los repartidores le dijeron que además de los 27 euros que había pagado en el primer momento debía abonar ahora otros 81 euros. Mi tía manifestó que no tenía tanto dinero en casa pero que les podía dar 10 euros y volver otro día a cobrar el resto. Cosa que los repartidores aceptaron. A pesar de lo cual en esa «ampliación de pedido», que doña Celia no supo en ningún momento que estaba aceptando, se puede apreciar que se da como recibidos 81. No volvieron a cobrar el resto. Ni el primer comercial ni los comerciales-repartidores informaron a su «cliente» de la posibilidad de rescindir el contrato dentro de los siete días siguientes e, incluso, en la «ampliación de pedido» consta la misma fecha del primer contrato habiéndose perfeccionado dos semanas después lo que, de hecho, impide esta posibilidad. Que algunos comerciales usan métodos próximos a la estafa y la coacción no es cosa nueva; pero que se aprovechen, a sabiendas, de las personas más manipulables por pertenecer a una cultura en la que aún se podían fiar de la palabra de la gente me parece deleznable. Espero que además no sean conscientes que hacen asumir a ancianos con pensiones de risa deudas más que considerables: la deuda de mi tía con la Editorial asciende a 2.160 euros a pagar en catorce «cómodas» mensualidades. Y luego queda la batalla del teléfono de atención al cliente donde una presunta amable señora se pone a la defensiva antes de que tú protestes ¿quizá porque no es culpa de un comercial perverso sino una intolerable política empresarial? Rodrigo Osorio Guerrero (Ponferrada). Jon (Bilbao; edición digital).

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