Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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ALTAS jerarquías del Gobierno y de la Conferencia Episcopal han vuelto a reunirse tras un año de desencuentros. Mercedes Cabrera, ministra de Educación, y el cardenal Cañizares, vicepresidente de la cúpula eclesial, se dan unos días de plazo para alcanzar un entendimiento sobre el valor académico de la asignatura de religión y, dicho de forma cruda, sobre el control disciplinario de los profesores de esta materia. A Cabrera y a Cañizares acompañaban sus respectivas delegaciones, formadas por altos cuadros del ministerio y altas jerarquías religiosas. El último año ha registrado episodios de frontal oposición de la Conferencia con el Gobierno socialista y varios obispos se han manifestado en la calle, protegiéndose del sol con gorras de beisbol, para mostrar su rechazo a una Ley de Educación que vendría a consagrar en la enseñanza pública el más puro laicismo. Al entrar en vigor esa ley, ha comenzado su desarrollo normativo, y la Iglesia considera que es el momento de restablecer el diálogo con el Gobierno, para mejorar en la concreción de los decretos los aspectos de la ley menos gratos al Episcopado. Muy poco ha aclarado este primer encuentro. El subsecretario de Educación, Fernando Gurrea, apreciaba en las autoridades de la Iglesia cierta «voluntad de conciliación», pero las divergencias son abismales, pues ni el Gobierno va a dar valor académico a la asignatura de religión, como el Vaticano desea y reclama, ni el obispado va a dejar de insistir en la defensa de lo que ella misma y el propio papa Benedicto XVI postulan. Podría llegarse a un acuerdo sobre la asignatura alternativa a la de religión, y de la categoría que tuviera ésta podría calibrarse la de aquella. De ahí que la Iglesia rechace que la opción contraria a la clase de religión sea el recreo o los juegos malabares. Tampoco admite que la alternativa sea la ética, por su atractivo en el alumnado. Pero es posible que una historia de las religiones, aunque sin valor académico, fuera la solución consensuada, siempre que se impartiera al mismo tiempo que la religión católica. También va a ser difícil el entendimiento sobre los profesores de religión, cuya designación corre a cargo de las autoridades eclesiales, pero a las que la disposición tercera de la LOE parece privar de la libertad de despido que disfrutaban hasta ahora, siendo frecuentemente motivo de cese contractual la defensa de algunos supuestos de aborto, el contraer matrimonio civil o vivir en pareja de hecho. Las arcas del Estado abonaban las indemnizaciones pertinentes, pero sin la menor posibilidad de restituir en el cargo al profesor expulsado/depurado. De ahí que a partir de ahora vaya a amparar a los profesores de religión el Estatuto de los Profesores, además de tener garantizada la renovación automática anual de sus contratos.

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