EN POCAS PALABRAS
Alardes innecesarios
AL ZARQAUI era un fanático, con muchas muertes a sus espaldas. Lo cierto es que su desaparición en un episodio bélico juega a favor de la civilización y en contra del temible islamismo radical que encarnaba. De cualquier modo, y como alguien ha dicho, no le echaremos en falta. Pero todo ello no impide cierta repugnancia al contemplar, en la primera página de todos los periódicos, la fotografía del cadáver de al Zarqaui, amoratado y con restos de sangre. Fotografía enmarcada en marco dorado y ostentosamente exhibida con todo detalle y alarde por la fuerza norteamericana en una de sus instalaciones militares en Bagdad. Así se constata que la necrofilia es también un ingrediente del disparatado impulso que provocó la intervención de Washington en Irak.