Diario de León
Publicado por
YASHMINA SHAWKI
León

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ME RESULTA imposible alegrarme cuando alguien muere de forma violenta. Por ello, no puedo sumarme a las expresiones de júbilo en dicho sentido. Pero una vez establecida esta premisa, debo unirme a aquéllos que piensan que, desaparecido Abu Musab al Zarqaui, es muy probable que se inicie el camino para solucionar la grave inseguridad que se vive hoy en Irak y se reduzca la cuenta de muertos que, diariamente, sucumben a la acción de todo tipo de desalmados. Como venimos repitiendo hasta la saciedad, la oleada de terror que sufre el país no deriva de las graves diferencias entre suníes y chiíes, sino que, por el contrario, es el resultado de la mal planificada intervención extranjera. La invasión aliada borró de un plumazo el sistema de seguridad del país, lo que permitió, primero, que las fronteras fueran permeables a la llegada de fanáticos y terroristas de toda condición, y después, que camparan a sus anchas en un país cuyo territorio es, en sus dos terceras partes, desierto. Si a ello añadimos la imposibilidad de las tropas extranjeras para diferenciar a los iraquíes de los árabes de otros países por desconocer las diferencias dialectales, la poca experiencia de la policía iraquí y los conflictos interétnicos, el resultado es un país a merced de la violencia. Muerto Al Zarqaui, supuestamente líder de la rama iraquí de Al Qaida, es probable que se pueda lograr el desmantelamiento progresivo de todas las células extranjeras que operan en el país y, por ende, dar un claro mensaje de advertencia, tanto a iraquíes como a extranjeros tentados de actuar como ellos. Sin embargo, no se pueden lanzar las campanas al vuelo. Zarqaui era un personaje con una trayectoria mediocre, ejemplo, como Bin Laden, de los miles de frustrados con una tergiversada visión musulmana de la vida. Por ello, se impone la precaución ante la aparición de posibles sucesores, porque, en este caso, no podemos decir que «muerto el perro, desaparezca la rabia»

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