PANORAMA
Txapote
SUPONGO que Txapote, el cruel asesino de Miguel Angel Blanco, por lo que será juzgado dentro de unos días, y que ahora comparece ante un tribunal por haber matado al concejal popular José Luis Caso, en 1997, ha aportado muy poco al que algunos llaman pomposamente proceso de paz, al aparecer en las televisiones nacionales. El procesado se empeñó en no ponerse en pie ante los magistrados, les dio la espalda, se dirigió a sus juzgadores en euskera y sin traductor... Producíala impresión de un prepotente que, con cierta chulería, seguía defendiendo la tesis de enfrentarse a los magistrados de un país extranjero, invasor del suyo. Sin arrepentirse. ¿Es acaso él uno de los etarras que quiere acabar con la guerra declarada al resto de los mortales que habitamos este país? Me temo que los políticos y politólogos que cada día miran en torno convencidos de que todos se dedican a hacer complejos análisis de la realidad, no serán conscientes de cuantas reacciones primarias, puramente emocionales, puede haber provocado el presunto asesino, en momento tan inoportuno. No es un pistolero cualquiera, sino el que acabó con Miguel Angel Blanco, uno de los episodios que más conmocionaron a la opinión pública española. Sólo faltaría que el PP, la AVT o cualquiera que recorra los caminos que ellos transitan, prodigue la fotografía del personaje, con los crímenes que se le atribuyen, y una observación al pie: «Éste es uno de los personajes al que tendremos que reinsertar, es decir probablemente incluirle en una nómina que pagaremos entre todos los españoles». De repente ha aparecido un extraditado que no habla el lenguaje melifluo de Otegi y compañía, sino que adopta los gestos habituales, de siempre, de los etarras que desde hace tres años mantienen inmóviles las armas en la sobaquera.