Diario de León
Publicado por
YASHMINA SHAWKI
León

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SON TANTAS las desgracias que acontecen en el mundo y que nos convulsionan que resulta francamente difícil mantener vivo el interés sobre todas ellas e intentar paliar, en la medida de lo posible, los sufrimientos de los más castigados. Sin embargo, aunque sólo sea por una cuestión de humanidad, tenemos el deber de no olvidarles insistiendo una y otra vez sobre la penosa situación de los miles de desplazados que provocan las decenas de desastres naturales y conflictos armados en las áreas más pobres del planeta. Y, aunque no es el objeto de este comentario entrar a debatir sobre la responsabilidad que los afortunados del primer mundo tenemos para con los más desfavorecidos, es necesario reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos para con ellos. Responsabilidad y obligación moral, sobre todo, hacia los más débiles de entre los débiles, es decir, los refugiados. Porque no se puede obviar el hecho de que, en los conflictos armados, los recursos se utilizan para armar y alimentar a los soldados, y sólo de forma muy tangencial se emplean para proteger a los civiles. Darfur, en Sudán, es quizás uno de los lugares del planeta en el que el statu quo de las féminas desplazadas resulta más vergonzoso para la comunidad internacional. Y es que las miles de mujeres refugiadas en los campamentos se ven obligadas a salir de ellos en busca de alimento para sus familias, lo que conlleva un altísimo riesgo de ser violadas por las tropas gubernamentales que las rodean. Estas mujeres no sólo son vejadas de la peor forma que puede serlo una mujer, sino que, sufrida la agresión, son además repudiadas por la comunidad a la que intentan alimentar. Culpables por salir en lugar de los hombres, que temen morir a manos de los soldados, son las víctimas doblemente castigadas de esta guerra por el petróleo. Y aunque difícilmente se puede intervenir en un país extranjero, sí podemos presionar para que las Naciones Unidas vigilen y protejan a estas mujeres que, a pesar de todas las dificultades, mantienen el país que los hombres se empeñan en destruir.

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