SOMOS LEGIÓN
Los titulares del perdón
EL LENDAKARI Juan José Ibarretxe, ha pedido perdón a las víctimas del terrorismo «por todos y cada uno de los asesinatos cometidos por ETA utilizando nuestro nombre». Es un párrafo de una carta que fue leída en Barcelona con motivo del 19 aniversario del atentado de Hipercor y en la que el presidente vasco subraya que la convivencia sólo podrá construirse «desde la memoria, la justicia y el reconocimiento del daño causado a las víctimas del terrorismo». El lendakari pide perdón, por una vez sin atisbos de ambigüedad, pero su mensaje está desenfocado y llega muy tarde. Y, desde luego, no va a redimir el muy lacerado prestigio de «lo vasco» que estos días ha bajado a las catacumbas montado en la insolencia imbécil de Txapote. La palabra perdón es demasiado grande como para dejarla en manos de quienes, durante demasiado tiempo, miraron para otro lado y utilizaron el silencio como estrategia y, en demasiadas ocasiones, hasta una cómplice «condescendencia intelectual» con la más genuina vileza. Los únicos titulares del perdón, los que de verdad tienen derecho a reclamarlo y, en su caso, a otorgarlo, son las víctimas y quienes perdieron a sus seres queridos y a sus amigos de forma tan injusta y tan dolorosa. Podrán hacerse malabarismos con las sanas intenciones y con las palabras, pero ahí se encierra la dificultad -al borde de lo insuperable- que tiene ese mal llamado «proceso de paz»: cómo llegar a un puerto en el que las soluciones concretas al «conflicto» (otra megaidiotez conceptual) puedan coexistir con la prioritaria, con la inexcusable obligación de hacer justicia delimitando con perfecta nitidez a víctimas y verdugos. Perdón no puede equivaler a impunidad. El perdón sólo puede cargarse de justicia, nunca con metralla de indignidad.