DESDE LA CORTE
Enhorabuena, señoras
CUANDO este cronista empezaba en la radio, un viejo maestro le dio una lección: «la información radiofónica es muy sencilla; sólo consiste en anunciar lo que vas a contar, contarlo y decir que lo has contado». N uestro gobierno entiende la política como la información de radio: ante una medida, se pasa un tercio del tiempo anunciándola, otro tercio en hacerla, y el último en contar que la ha hecho. Ayer, por ejemplo, aprobó el proyecto de Ley de Igualdad. Lo habían aireado tanto, que muchos ciudadanos pensaban que ya estaba en vigor. Pues no lo estaba. La prueba es que todavía no llegó al Congreso para debate y aprobación. Es un texto legal muy del gusto de Zapatero: de esos que permiten decir que se reconocen derechos que no se habían reconocido nunca y necesitó la llegada al poder de estos sensibles socialistas que tienen redaños para estos avances. Su redacción permitirá discursos muy sociales, igualitarios y muy aplaudidos por la militancia en los mítines. Es, además, una de esas leyes que le permiten a María Teresa Fernández de la Vega reunirse con colectivos feministas en La Moncloa y hacerse la foto que se hicieron cuando se reconoció el matrimonio de homosexuales. Cuando sólo se habla del proceso de paz y otros eventos etéreos, consuela mucho que el gobierno siga gobernando o, por lo menos, mandando proyectos al Parlamento. Tenemos un gobierno muy legislador, y la verdad es que esta Ley de Igualdad les ha salido bonita. Dará mucho que discutir por el 40 por ciento en los consejos y otras imposiciones a las empresas, pero es linda: trata ni más ni menos que de imponer la igualdad de sexos a golpe de Boletín Oficial del Estado. Lo que no ha conseguido la práctica social, se ordena por ley. También muy del estilo de este tiempo político: se cuida la salud con una ley contra el tabaco; se limita la velocidad tratando al conductor como potencial homicida que merece cárcel; se garantizan oportunidades para la mujer a golpe de legislación. Doy, por ello, una efusiva enhorabuena a todas las señoras y señoritas de mi país. Y expreso mi limitada confianza de futuro: esta ley se cumplirá en aquello que resulte inevitable y controlable, como la paridad en las listas electorales. Nos decepcionará en lo mismo que estamos decepcionados ahora; por ejemplo, la increíble e hiriente desigualdad salarial. Seguiremos echando en falta un cambio de esa cultura que hace que sea la propia mujer quien no delega en el marido el cuidado de sus hijos, según un estudio reciente. Y discutiremos durante años el fondo más endeble de este tipo de normas: que se anteponga la igualdad de sexos al criterio de valía o de eficacia. Y eso es tan aplicable al hombre como a la mujer.