Diario de León

CON VIENTO FRESCO

Las Médulas como patrimonio industrial

Publicado por
JOSÉ A. BALBOA DE PAZ
León

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DESDE el punto de vista turístico me parece una buena idea que el yacimiento de las Médulas se promocione en todo tipo de foros y ferias; en este sentido, aplaudo la iniciativa del Consejo Comarcal de participar en el primer Congreso Nacional de Turismo sobre Patrimonio Industrial que, la pasada semana, se celebró en Sagunto (Valencia). En él José Ramón Alonso leyó una comunicación redactada, al parecer, por el responsable de turismo del Consejo Comarcal, Valentín Fernández, que según la prensa despertó un gran interés por el yacimiento de todos los asistentes; pues, no en vano, es espectacular y grandioso: la mayor mina a cielo abierto del mundo antiguo, a la que acompañan lagos y lagunas, canales, restos de castros prerromanos y mineros y villas romanas. Como he dicho, es una buena noticia porque todo lo que promocione el yacimiento de las Médulas, que es además Patrimonio de la Humanidad, redundará en beneficio económico de la comarca del Bierzo. Otra cuestión diferente es la consideración de dicho yacimiento como patrimonio industrial en el sentido específico que hoy tiene ese término. Hace unos días nos reuníamos en Valladolid un grupo de expertos en Arqueología Industrial (dos asturianos, un catalán, una valenciana y cuatro castellanos y leoneses) con el objetivo de elaborar el Libro Blanco del Patrimonio Industrial de Castilla y León. Dicho libro buscará establecer los criterios de delimitación y clasificación del patrimonio industrial de nuestra comunidad, diseñar la metodología y las herramientas para su catalogación, definir criterios y establecer estrategias para su conservación, protección, uso y difusión de dicho patrimonio. El primer problema al que nos enfrentamos, en relación con el concepto y la delimitación cronológica, fue justamente la inclusión o no de las Médulas y otros monumentos antiguos, como el acueducto de Segovia, como integrantes de dicho patrimonio industrial. Es cierto que las Médulas es producto de una actividad minera que, en sentido muy general, podría catalogarse como industrial, y así fue defendido por alguno de los presentes. La mayoría, sin embargo, fue partidaria de su exclusión. La razón no se debe sólo a que la arqueología industrial, tal como fue definida por Buchanan y otros estudiosos desde los años sesenta, limita su campo de estudio a los restos de la revolución industrial o a los de la industrialización posterior; también a que las arqueologías antigua y medieval están plenamente constituidas en su ya larga historia, tienen específicas metodologías de trabajo y los restos sobre los que investigan, como las Médulas, tienen un reconocimiento social y unos mecanismos legales de protección de los que otros bienes de patrimonio industrial todavía carecen. Es esto lo que da a aquéllos una especificidad que, para muchos, los deja fuera de lo que actualmente se entiende por patrimonio industrial. No se trata de ser excesivamente rígidos. De hecho, en comunidades como la nuestra, en la que el proceso de industrialización fue tardío, sí utilizáramos un concepto de arqueología industrial muy restringido, quedarían fuera muchos vestigios de las edades moderna y contemporánea. Por eso, su campo es más amplio que el de otros países e incluso comunidades españolas con más intensa industrialización. Aquí hemos de incluir no solo los restos de la industrialización de finales del siglo XIX y el siglo XX, sino también los protoindustriales, como las ferrerías, e incluso algunos elementos claramente preindustriales como los molinos, batanes y otros artilugios. Pero no ser rígidos ni restrictivos no quiere decir que todo producto de la actividad económica del hombre pueda entrar dentro del campo específico de la arqueología industrial, como ocurre con el yacimiento de las Médulas u otras minas del mundo antiguo. Estas disquisiciones conceptuales y cronológicas no cuestionan, lo repito, el que se promocione a las Médulas en todos los foros en los que sea posible; sólo buscan matizar las cosas.

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