AL TRASLUZ
Nosotros y ellos
DE UN LADO ESTÁN los buenos (nosotros) y del otro los malos (ETA). Este punto de partida, que para escribir una novela policíaca resultaría demasiado maniqueo, es aquí una verdad rotunda. Sin embargo, hay que afrontar el reto, pues todo gran logro exige un riesgo. Lo mejor que le puede pasar a España es que quienes nos representen en ese diálogo sean las personas adecuadas para tan trascendente objetivo, que no debe consistir únicamente en que Eta deje de asesinar, sino que ha de tener como consecuencia definitiva una paz ética. Difícil, pues aquí la caballerosidad se encuentra únicamente en un lado. Pero no es imposible, por más que resulte desolador ver a un asesino patear el cristal blindado de la Audiencia, o a dos monstruos burlarse de las víctimas. Por mucho que discrepen socialistas y populares comparten un vocabulario emocional, en el que dolor, justicia y dignidad, significan lo mismo, pues ambos partidos están integrados por personas de bien; incluso sus diferencias más drásticas les siguen manteniendo es un mismo universo de valores, que podríamos resumir en ese puñado de verdades esenciales que fueron, son y serán. Eta representa, en cambio, una perversión de lo humano. Populares y socialistas han tenido un comportamiento heroico en el País Vasco, están legitimados para tener opiniones solventes y distintas sobre tan delicado proceso. Y nadie puede dudar que tanto Mariano Rajoy como José Luis Rodríguez Zapatero anhelan lo mejor para España. Los buenos (nosotros) y los malos (ellos). En efecto, pésimo esquema para una novela policíaca. Pero aquí los asesinos son de carne y hueso. Y sí, no será fácil. Pero debe intentarse, con honor y verdad.