TRIBUNA
Otro paso hacia adelante
Confieso que había soñado en muchas ocasiones con poder disfrutar de unos momentos como los que he vivido durante la última semana. Cuando anhelas algo con tanta vehemencia piensas una y mil veces en los detalles de una alegría tan inmensa. Te imaginas feliz, te ves disfrutando al lado de las personas que has tenido más cerca durante todos estos años al frente de la Ponferradina. Piensas en los técnicos, en los jugadores, en los empleados del club, en los compañeros de directiva, en las familias de todos, en la tuya propia. Piensas también en los socios y en el resto de los aficionados que con su esfuerzo han hecho un poco más grande a la Deportiva. Tienes una idea preconcebida de lo que para todos ellos, para todos nosotros, podría significar el dar un paso tan importante como el que acabamos de vivir. Y después de tanto soñar, como suele ocurrir muchas veces en la vida, te das cuenta de que todo aquello imaginado a priori, tan idílico que parecería increíble, resulta que no era nada comparado con lo que felizmente nos ha tocado vivir estos días en Ponferrada. Sabía perfectamente lo que este club que me honro en presidir significa para Ponferrada y para el Bierzo. Me han bastado estos siete años al frente de la institución para poder palpar el sentimiento de los verdaderos incondicionales de esta maravillosa causa. De alguna manera, uno sabe de antemano el terreno que pisa. O cree saberlo. El caso es que una vez más, mis paisanos han vuelto a sorprenderme. Todo lo que yo había imaginado antes de que llegáramos a alcanzar el objetivo que nos habíamos propuesto no era nada comparado con las emotivas escenas que me ha tocado vivir en primera persona durante esta última semana de junio que ya nunca podré olvidar. Conste que fuí el primer sorprendido por la gran respuesta que habían dado nuestros aficionados en la primera eliminatoria de ascenso contra el Universidad de Las Palmas. El comportamiento de nuestra gente, salvo algún incidente menor, había sido digno de elogio en el primer encuentro. Lo ocurrido una semana después en las islas ya me desbordó. Por razones ajenas a nuestro club se nos negaba la posibilidad de ofrecer la seguridad de conseguir una entrada para todos los que desearan viajar a Canarias. Nos pusimos manos a la obra y a lo mejor algún día contaré con detalles todo lo que hubo que hacer para poder atender todas las solicitudes que recibimos y poder alojar en la grada hasta el último de nuestros aficionados. Tuve la enorme fortuna de disfrutar aquel histórico partido entre todos ellos en lo que fue una de las experiencias más gratificantes que uno recuerde por la tremenda camaradería y solidaridad que vivimos allí. Viajar varios miles de kilómetros para estar al lado de su equipo sin saber si quiera si podrían entrar al campo es algo que no se puede pagar con todo el oro del mundo. Pero aún había más. La actitud de la afición en el primer partido contra el Alicante me dejó sin respuesta. Ver así el Toralín era algo impensable. Otra vez nuestro público volvía a emocionarme como lo habían hecho antes aquellos que estuvieron en Las Palmas. Ni siquiera la desgracia que tuvimos de encajar un gol en el descuento pudo abatirles. Lo sucedido en Alicante superaba mi capacidad de asombro. Dos horas antes del partido ya estaban en el campo y eso que calentaba un sol de justicia. Nada les importaba otra vez con tal de estar al lado de su equipo. Las escenas del final son para emocionar a cualquiera. Ver fundidos en miles de abrazos a nuestros jugadores con esa afición que les idolatra es la imagen más bonita que una institución deportiva puede transmitir. Con ser importante lo vivido en Alicante, lo más grandioso estaba todavía por llegar. Tenía noticias de que en Ponferrada se habían echado a la calle miles de personas después de conocer la alegría del ascenso. Estaba claro que a nuestro regreso, aquellos aficionados y los que ya estarían de vuelta de Alicante iban a ofrecer a nuestro equipo una gran demostración de afecto. Sin embargo todo lo que ocurrió desde el momento mismo de nuestra llegada ya nos desbordó. Pese a la importancia de lo que se había conseguido sobre el terreno de juego, hasta el punto de que es la primera vez en la historia que el equipo asciende a Segunda División, para mí es todavía mucho más meritorio lo que logramos ese lunes en nuestra ciudad. Confieso que nunca había visto tal demostración de cariño hacia una institución en concreto durante mi vida. Aquel día, viendo los rostros de la gente en Ponferrada fue cuando de verdad empecé a darme cuenta de lo que habíamos conseguido entre todos, incluidos ellos. Lo que sentí ese lunes es lo más grande que me había pasado nunca y compensará cualquier avatar que pueda sobrevenir en el transcurso de mi mandato. Disfrutar como lo hicimos todos el día 26 de junio compensa todos los sinsabores que hubiéramos vivido anteriormente. La alegría y la ilusión que percibí de mis paisanos es el mayor objetivo que yo como presidente de la Ponferradina podía proponerme. Eso no significa que haya llegado, ni mucho menos, el final del camino. Esto es sólo un paso hacia adelante en una historia que deseamos seguir escribiendo hasta que el cansancio o los avatares del destino digan otra cosa. En estos momentos de felicidad podría dejarme llevar por la euforia para prometer a nuestros socios y aficionados que pronto estaremos en Primera División. Aquellos que me conocen saben que no es mi estilo, entre otras cosas porque la vida me enseñó que el mejor modo de llegar a la meta es ir pasito a pasito, con firmeza y sin precipitación. En el fútbol también es así. No debemos dejarnos rebasar por los acontecimientos y debemos pensar que somos un club humilde que acaba de llegar a una competición donde casi todos son más poderosos que nosotros. La única promesa que puedo realizar ahora es que pondremos todo de nuestra parte para poder repetir algún día algo similar a lo que hemos vivido, sin ignorar que eso será mucho más complicado todavía. Tenemos los mimbres necesarios para hacer cosas importantes y entre ellos, nuestro mayor patrimonio sigue siendo un respaldo social merecedor de cualquier empresa que se proponga. Si la comunión entre el equipo y su afición sigue teniendo el mismo grado de compromiso que he podido percibir estos días, no me cabe ninguna duda del éxito en adelante. Quiero desde esta tribuna dar las gracias a todos por el apoyo recibido. Contamos con la gente de a pie, con las empresas, con las instituciones que ahora ratifican su compromiso hacia la Deportiva. De la unión de todos los esfuerzos dependerá el futuro del club. La Deportiva será lo que todos nosotros queramos que sea, pero será necesario unir nuestras fuerzas más que nunca. Sólo me queda rectificar a todas aquellas personas que me daban las gracias durante los últimos días por hacerles felices. La verdad es que fueron todas ellas las que me han hecho feliz a mí. Permitidme todos que dedique especialmente este histórico logro a dos compañeros que no lo han podido disfrutar, como son Manuel Samprón y Santiago de Castro. A dos grandes amigos que fueron David y Claudio y a mi padre, que hubiera disfrutado todo esto como el que más. Aúpa Deportiva.