Diario de León
Publicado por
FEDERICO ABASCAL
León

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NO HAY dos Españas, aunque a veces hayan estado divididas, y hasta en guerra y posguerra incivil, sino españoles con cierta dificultad para la convivencia, dado el exclusivismo ideológico -y de intereses- que caracteriza a cada grupo social y político. Y ahora vive el país un momento muy especial, en el que los dos partidos mayoritarios muestran con recíproca inflexibilidad sus discrepancias no ya sobre el presente sino también, y con mutua acritud, sobre el pasado y el futuro. El llamado proceso de paz, o fin hipotético del terrorismo etarra, ha aumentado la hostilidad entre el PP y el Gobierno, hasta el punto de que los «populares» dibujan un futuro en el que de España sólo quedaría un recuerdo borroso, mientras que el presente se utiliza como tablado sobre el que zapatear con monotonía dialéctica los desacuerdos políticos. En situaciones así, ¿por qué se extiende también al pasado la confrontación partidista? Van a cumplirse este mes setenta años de la rebelión de una parte del ejército español contra la II República, y el Parlamento Europeo ha querido recordar la efeméride condenando aquel golpe militar, seguido de una guerra feroz y de una larga dictadura, los cuarenta años y las cuarenta noches del franquismo. El asunto hubiera pasado relativamente desapercibido si un diputado de la ultraderecha de Polonia no hubiera pronunciado un inflamado panegírico de la Iglesia española, del Ejército español y de Francisco Franco, ya que «la izquierda española se comportaba entonces como los bolcheviques en Rusia». Sólo la extrema derecha, muy minoritaria, y los «populares» españoles, liderados por Mayor Oreja, se distanciaron de la condena aplastantemente mayoritaria de la cámara. Y no porque Mayor Oreja hubiera defendido a Franco y al golpe militar sino porque los ignoró, dedicando su tiempo a loar los méritos de nuestra transición política y los de la UCD, en la que militaba. Tal vez entre en el Congreso la próxima semana el proyecto de ley de la Memoria Histórica, ante el que España vuelve a dividirse, como ayer los medios informativos, partidarios unos de que la dictadura franquista siga imponiendo su silencio a los españoles actuales, porque recordarla es como abrir heridas, y defensores otros de que la memoria, una vez desatada, pueda volar hacia el pasado, excavar algunas fosas comunes y atreverse a contar en voz alta los muertos de una represión que ya se recogen en algunos libros. Pero la condena de una dictadura y de un golpe militar, por dolorosa que resulte a un amplio sector de la sociedad española y al partido político que más fielmente la representa, no debiera extender hasta el pasado la confrontación política que crispa el presente y augura el fin de España en el futuro, siempre que Zapatero realice el programa de traiciones a la patria que se le atribuyen.

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