Diario de León
Publicado por
ENRIQUE CIMAS
León

Creado:

Actualizado:

El «Islas CÍes» siempre me pareció, querido nieto José, más que un hospital general -Xeral, dicen en tu ciudad olívica y hermosa-, más que un servicio, que lo es, y muy bueno para la salud del pueblo, un faro que irradia impulso vital, confianza y aliento moral. Faro que a semejanza del de Alejandría da luz y tranquilidad a quienes en el mar de la vida han de soportar penalidades, hasta arribar a puerto. Como aquellos argonautas que iban tras el vellocino de oro; aunque la Leyenda no explique bien qué clase de oro, sí físico o inmaterial... En la hora presente los arriesgados nautas beneficiarios de todo «faro» protector -social y anímicamente- podrían ser los ciudadanos que se esfuerzan en la consecución de lo justo, lo bello y lo útil. Y muchos de ellos, lo trascendente. Mujeres y hombres empeñados en alcanzar una existencia vigorosa, comprometida. Y hasta inconformista. Hormigas de alma viva en una sociedad laboriosa, y con frecuencia desasosegada, compitiendo por su pan y su seña; por el cobijo amoroso de sus hijos y el ineluctable derecho a un mañana mejor. La plasmación de aquel ir en pos del «vellocino», o de un puesto al sol, se puede lograr, por ejemplo, con el apoyo y estímulo de lo que yo llamo código de las efes: la Fe, la familia y la firmeza de carácter. A tal código me gustaría, nieto querido, que agregases (como parte integrante de tu patrimonio espiritual) la solidaridad con los demás; particularmente con aquellos que más sufran. El conjunto incluye, por último, un deseable afecto por la patria de tus mayores. El augurio que al nacer te hice -mezcla de oración y buen deseo- era, y es, de abolengo antiguo, de evocaciones ancestrales; de entraña genealógica y deber familiar. Dice el escritor Miguel Delibes que el primer hijo significa, para el padre, algo así como un estiramiento emocional y atávico de su estatura de progenitor. A mí, abuelo de diez nietos, me pareció al verte por primera vez (como cuando tu hermana y tus primos) que adivinaba el sonreír de Dios¿ Desde los ventanales, ojos verdes de la segunda planta del «Xeral Islas Cies» -en la que rinde vuelo la cigüeña, y la sangre brinda el milagro de su palpitar azul- veo el pasar apresurado de los transeúntes rastreando el rumbo de sus preocupaciones, tal vez quiméricas. Y en esos instantes, por esa redonda, dulce e indefinible identidad de sangres, que ha forjado el amor, te incorporo, feliz, a mi saga¿ Desconozco, claro, qué España, qué Galicia, qué clase de tensiones, o distensiones, vas a conocer en tu más inmediato escenario vital, en el 2030, ó 2040¿ No lo sé. Pero tengo para mí que en los pueblos en los que se siembra cizaña, se recoge espino, Y actualmente, en el 2006, la siembra en nuestra tierra es disolvente y subrepticia. Me temo, José, que el parto resultante de las «gestaciones» actuales pueda ser distócico. Ahora mismo nos está doliendo a millones de españoles la carne lacerada de una Patria en trance de desmembramiento. Por añadidura, la lesión se extiende al alma de nuestro feudo común; un espíritu de unidad que ha venido siendo desde Isabel y Fernando (¡seis siglos, José!), buena parte del alma compartida por generaciones de españoles. Y todo, so capa de otro utópico vellocino de oro que promete un país mejor, para un futuro¿ seguramente enigmático; es decir, para tu presente de dentro de unos años. Aquella siembra, y las promesas de hogaño, vienen a conectar con los versos machadianos, premonitorios de las dos españas; esto es, demonios familiares que alguien trata de exhumar por si acaso no hubiesen quedado bien enterrados, en diciembre del 78, cuando reinventamos la sola y única España¿ De qué magnitud será la cosa que, por el momento, y como singular anécdota en materia de exteriorización patriótica, nos tenemos que prevaler de la generosa actitud -y aptitud- de dos luchadores del deporte español: un asturiano, Fernando Alonso, y un mallorquín, Rafael Nadal. Ambos campeones de casta y genio dan lugar frecuentemente a que sus gestas concluyan (a la hora de trofeos y lauros) con la interpretación del Himno nacional y la colocación de nuestra Bandera en lo más alto. Algo ayudan, en similares situaciones de contento público, los lances futboleros de la Selección nacional. Lo que, v.g., le permitiría a un camerunés -o a un quidam de la Alpujarra- imaginar que el deporte es para los españoles el único nexo de unión ¿ Un día te convertirás, es probable, en experto conocedor de las Letras ya que eres -por línea paterna- tataranieto, bisnieto, nieto e hijo de profesores de Literatura en institutos y universidades. Todos esos ascendientes fueron bautizados con el nombre de José, por lo que a nadie extrañará que siguiendo la costumbre de determinadas familias yanquis tú te conviertas en ¡José V!. Sigas, o no, la tradición profesional familiar, en su debido momento conocerás por la legendaria mitología de los griegos cómo Zeus, contrariado con Prometeo por haber revelado a la humanidad el secreto del fuego, le envía no obstante, y en señal de «congraciamiento», el obsequio de una novia muy bella, Pandora, acompañada de una caja misteriosa. Prometeo, bastante escamado con el presente, puso lo que pudo de su parte para que el cofre nunca fuese abierto. No lo consiguió. Un malhadado día Pandora abrió la caja dejando con ello escapar, hacia el orbe entero, su contenido apocalíptico : dolores, cainismos, crímenes y guerras. Se asustó la mujer y, rápidamente, cerró la caja alcanzando a dejar dentro nada menos que la esperanza¿ Y en esas estamos, mi querido José. Anhelando que la esperanza sea por fin liberada. Y que pueda propiciar definitivamente una gozosa era de convivencia fraternal en este viejo solar hispano. Asiento de fecundidades, que no «campo de soledad, mustio collado».

tracking